F.A.R.: Finis Agens in Rebus

Cuando llega el momento del retiro para un militar aquilenio existen diversas opciones.

Una de ellas es el retiro compensado, donde en función de sus años de labor, además de ganar sus derechos políticos con el primer servicio, tienen una paga vitalicia condicionada (pueden llegar a perderla, pero eso es otra historia), y si lo solicitan pueden recibir también tierras.

Estas tierras son normalmente de explotación con un contrato anexo que les permitirá subsistir. En la mayoría de los casos incluye maquinaria, formación, casa y materiales suficientes para cubrir los cinco primeros años hasta la autosuficiencia y a partir de ahí se pueden convertir en proveedores de Aquilenia. Si rompieran el contrato para proporcionar su producción a otra entidad, serían penalizados y deberían devolver lo recibido los cinco primeros años, no así la paga.

En cambio, otra de las formas de retiro, para aquellos que ven que la vida de ganadero, agricultor y profesiones proporcionadas por la Garra no es lo suyo, y quieren seguir sirviendo pero sin estar integrados directamente en la Garra, pueden pedir un destino F.A.R.

Muchas veces estos son aquellos militares que tienen un servicio destacado, no quieren una vida tranquila y tampoco tienen demasiados lazos familiares de los que depender.

El Finis Agens in Rebus es un agente adscrito a la Lex Officio pero queda destinado a los confines de los espacios de influencia aquilenia. Allí, tras la adecuada información, en las llamadas Zonas Salvajes o Zonas de Influencia hará lo posible por cumplir su misión: llevar la Ley Aquilenia, la Costumbre y también proporcionar datos e información de esas zonas alejadas a los Magister responsables del sector.
Tienen una gran independencia de acción y autoridad ya que se encargan de planetoides completos o comparten con otros agens un planeta que está en interdicto o de posesión comprometida o compartida.
Porque aunque el resto de Aquilenia no lo sepa, hay propiedades compartidas, allí, a lo lejos, en las fronteras. Comparticas con otros matergeanos o incluso con gerionianos.

Allí un Agens in Rebus, un F.A.R. tiene autoridad sobre las poblaciones aquilenias y lleva la ley y el orden hasta sus ciudadanos, aquellos que escogen estar bajo la sombra del Aquila y gozar de su protección.

Capacidades

Un Agens in Rebus es juez, jurado y puede ser verdugo si el Magister está demasiado alejado o imposibilitado, si el centro de control es demasiado genérico o su población demasiado pequeña.

Normalmente se comunicará con su Centro con una variante codificada de la Red Púlsar o un canal seguro de Orcómeno.

Entre sus deberes está:

  • Mantener la paz.
  • Castigar a los infractores de la Ley Aquilenia.
  • Supervisar a sus subalternos y dar ejemplo de cumplimiento.
  • Proteger caravanas.
  • Proteger a los ciudadanos aquilenios de su zona de Frontera.
  • Porteger a los auditori que acudan a actualizar el censo, a recabar los impuestos y los contratos de proveedores.
  • Reclutar leva de veteranos para proteger la zona de Frontera de invasiones o circunstancias graves en su integridad fronteriza de Aquilenia.
  • Perseguir y ejecutar a los traidores que se encuentren y aparezcan debidamente reflejados en los Paneles de Caza.
  • Pueden optar a las recompensas del Gremio de Cazadores Aquileos como si pertenecieran al gremio, pero sin tener que pagar las tasas (y sin beneficiarse de lo que aporta el gremio, si no pagan la cuota).
  • Proteger bienes, estructuras, lanzaderas e intereses de Aquilenia en su zona de Frontera.
  • Llevar la Ley y Pax Aquilea a quienes la desconozcan y deseen aceptarla sin coacción, pasando a ser así en zona de Frontera, Novo Aquileo y, cumpliendo la Ley, Impuestos y Obligaciones, adquirir así la ciudadanía Novo.
  • Colaborar con la Garra y todos los organismos de Aquilenia que soliciten dicha colaboración como agente de Frontera.
  • Transmitir toda información relevante periódicamente para la seguridad y preservación del orden aquilenio que pueda llegar a afectarlo desde su zona de Frontera.

El rastro de los muertos

Ese bastardo había vuelto a hacerlo. Una vez más le hacía «un sencillo encargo», como dijo nada más cortar la transmisión y enviar el paquete de datos. El «sencillo encargo» le haría tener que usar todos sus recursos para sobrevivir. No había estado tan en el filo desde las Guerras del Eclipse. O desde la escaramuza a aquella más que olvidada, y campo de batalla, red Cárceri, de infausto recuerdo [ver Archivo 789.3256 y Archivo 665.787]. Sintió una oleada adrenal, emoción. Rara vez sentía aquello, y ese encargo, lo valdría.

Lurk era un foenikiam, como los llamaban los aquilenios, o un codexnauta, que era el término más extendido y menos… florido, que usaban en su idioma aquellos de Aquilenia. Y además era un psico de los buenos. Antares Mordhigan lo contrataba con asiduidad, siendo una buena fuente de ingresos y desafíos. Rara vez le traía algo que no fuera jugoso.

Como codexnauta se diferenciaba de los otros foenikiam, que diría su «amigo» (sí, entrecomillado: a veces lo odiaba más que a algunos de sus más encarnizados enemigos de las redes) en su formato de dedicación. Él hacía inmersiones en las distintas redes sobre todo en busca de rastros, datos olvidados, señales, rumores e información. De vez en cuando le tocaba saltear algo, enfrentarse y pelear, evitar trampas y códigos maliciosos, inyectores de corrupción y otras formas preciosas y brutales de cortar tu existencia.

La forma física de Lurk se resintió en aquel momento, buscando como estaba su psico-virtual, en un mentidero onírico digital. Era alto, huesudo, no comía demasiado y solía ser alimentado por la máquina a la que se conectaba cuando tenía que sumergirse por largo tiempo. Al contrario que muchos, pese a pasar gran parte de su existencia en el universo virtual,  aun gustaba de usar su cuerpo físico para complementar partes de su trabajo que requería desplazarse a terminales físicas en otros lugares. Era un salteador tanto físico como virtual, y esos codexnautas-datófagos, no abundaban, prefiriendo por mucho la existencia meramente digital en cualesquiera redes donde se desplazaran. Él simplemente tenía un sistema de localización para poder volver a su cuerpo desde algunos terminales específicos y así salir de los mundos virtuales donde estuviera en cada momento.


Lurk vivía en un asteroide propio autodefendido que recibió como pago de un cliente, en el que tenía a su disposición todo tipo de conexiones, varios kilómetros para realizar instalaciones y puntos de acceso-emisión, zonas de lanzamiento y varios transportes siderales, en función de lo que necesitara. Llegado el caso podía desplazar incluso el propio asteroide gracias a la tecnología memnon que tenía ya de por sí. Ese asteroide era antiguo como el propio Sidera, y varias civilizaciones lo habían usado dejando cada una su propia marca, en ocasiones como sistemas de acceso a comunicaciones, cosa que a Lurk le venía muy bien, haciéndole menos caso a las construcciones semi derruidas y restos arqueológicos.
Así descubrió una vieja red de información de una civilización supuestamente extinta, cuyos bancos de datos aun funcionaban, conectados como estaban al núcleo de un planeta para alimentarse de su energía y mantenerse siempre en línea, a través de la única terminal del universo que quedaba: la suya. Ahora esa red era prácticamente suya, era un pequeño universo de su propiedad donde disponía de innumerables recursos… pero eso era uno de sus mayores secretos.
Por supuesto había investigado sobre dicha civilización en profundidad con toda la información que había en aquella red de comunicación, y ahondaba más, fascinado por ellos… y había usado parte de los conocimientos de esa vasta red, concretamente de sus bancos de guerra de código para romper la barrera que había provocado la situación en la que se encontraba en ese momento.

Antares le había encomendado que siguiera un rastro, un rastro de transacción y diversos detalles más que le había comunicado a través de la baliza que él mismo le había instalado. Y siguiendo ese rastro había dado con algo interesante.

Ya había seguido las diversas opciones hasta dar con la contratación de un grupo mercenario diverso de alto rendimiento y pocos escrúpulos, algunos de ellos reconocidos perros de la guerra que habían estado relacionados con truculentas acciones en muchos sistemas de ese brazo de la galaxia. Pero no le interesaban ellos que, según Antares, estaban ya muertos, sino los pagos que les habían hecho en cuentas seguras. Casi hace saltar las alarmas del conglomerado financiero, pero supo esquivar en el último momento los centinelas infoconstruidos por lo que tuvo que reconocer que era un virtuoso criptofabricante cuya firma no reconoció.

El rastro de dinero provenía de una pequeña corporación de minería de asteroides. Difícil que fueran los supuestos sospechosos que le había comunicado Antares más como recurso a descartar que a confirmar, los anarch-lunaris. Los conocía y no era su forma de actuar habitual. El rastro que estaba siguiendo lo confirmaba prácticamente. Siguió, ahondando en aquel rastro. El acceso a las redes de aquella corporación era bastante difícil, demasiado para una simple y pequeña corporación de minería de asteroides.

En su visión dentro de la red Púlsar veía un gran edificio amurallado con tan solo dos puertas visibles y un acceso clausurado que ya tenía bastantes años. Tenía n relieve fantasmal y azulado, grande e imponente. Varios sistemas de vigilancia se entrecruzaban en algunos puntos, de muchos de ellos desconocía el nombre puesto que se solían desarrollar a medida, pero reconocía los códigos y las formaciones que adoptaban, como pequeñas estrellas cambiantes de formas aguzadas que no dudarían en ningún momento en desarrollar formas, mecanismos, haces de código afilados, dolorosos pulsos de pseudo energía y cualquier otro creativo e igualmente mortal recurso.

Encontró la brecha oportuna, en este caso no optó por atacar de frente sino usar un intermediario, enlazando código de su invención en la entrada cifrada de un empleado autorizado y a través de ello pudo, con un recurso que lo hacía invisible en el interior, hurgar en los archivos más escondidos. En ello estaba cuando se encontró con la dificultad acuciante que le dieron ganas de estrangular al vulpes aquilenio. Muy grande tenía que ser aquel pastel porque había un centinela de los llamados «mutilados», un tipo de foenikiam que perdió su cuerpo en algún momento y ahora vivía, como tantos otros, en las redes, solo que sin recordar en ningún momento que habían estado vivos de forma física, sin saber apenas que eran servos escritos por ningún foenikiam o criptofabricante y no distinguiendo otra realidad que esa, siendo muy peligrosos y extremadamente letales. ¿Puede estar vivo un pedazo de código? ¿Puede un ser vivo ser un pedazo de código? ¿El código está vivo? ¿Lo vivo se puede codificar…? Un mutilado no era algo fácil de combatir y avanzaba, como una monstruosidad mitad terrano, mitad código, con cifras, números y fragmentos afilados en diversos lenguajes de servo recorriéndole el cuerpo y formando parte de él de forma mutante, y que podía hacerle adoptar las formas más inusitadas. Al menos este mutilado tenía un aspecto que le había permitido distinguirlo.

Lurk se encontraba en una sala virtual, codificada como un gran edificio-bibliocódex totalmente iluminada en blanco, con archivos que recorrían las altísimas paredes en perfecto orden y que tenía que observar con sumo detalle para no saltarse ninguno crucial, y el mutilado cruzaba al otro lado de aquella gran sala abierta. Lo vería si no hacía algo. Rápidamente trazó un código escudo que ocultó su imagen reflejando tan solo la pared que tenía a su espalda. El mutilado se detuvo. Dada su fusión con el infoespacio tenían la capacidad de saber cuándo algo no iba bien, los leves retardos de las instrucciones del código, la fluctuación de datos… numerosas formas que lo alertaban. Pero también había forma de engañarlos o sortearlos (enfrentarse a ellos era casi imposible porque podían convertir todo su alrededor en código útil para lo que necesitaran, en otras palabras: munición y armas casi infinitas).

El mutilado hizo un gesto con el extraño hocico que tenía como rostro, modificando su aspecto-cacheado para poder oliscar el código alterado, como si olisqueara. «Huele el código» se dijo Lurk sabiendo que si se acercaba demasiado su código escudo no aguantaría mucho. Con un gesto mandó un señuelo. Un pequeño evocador que creó hace mucho y que actuaba como baliza para alejar miradas. Con sus dedos virtuales creó el símbolo que una vez formado cayó al suelo y corrió por una de las paredes alterando parte del código que fluía por ella, provocando una reverberación que movió todas las ordenadas columnas. El mutilado giró de inmediato la cabeza y miró al impertinente trozo de código que huía de la sala para perderse por un pasillo. Lo siguió de inmediato, lanzando varios aguzados fragmentos contra él que brillaron, dorados y azules para desaparecer en pequeñas explosiones lumínicas.

Y entonces lo vio. Vio aquel rastro codificado oculto en varias capas en una esquina de la sala. Al contrario que el resto del lenguaje programático que no fluía, permanecía en letargo para no llamar la atención, escondido a plena vista, casi indistinguible salvo si te movías cerca, donde tardaba apenas un instante en reajustarse para seguir invisible. Lo clonó usando tres herramientas fungibles distintas de sus recursos para poder hacer una copia exacta y además crear el testimonio de su ubicación, a la par que usaba una idea desarrollada y programada por él para formalizar una evocación que lo ocultaría incluso de aquellos que lo habían dejado allí, para poderlo recuperar en otro momento de forma «legal» (lo legal e ilegal en el mundo infoespacial variaba mucho en función de la civilización con la que se tratara, y conociendo a Antares ya sabía Lurk por dónde iban a ir los tiros). Así que, recogiendo la copia, se dispuso a salir de allí hacia un puerto seguro.

La sensación de miedo había desaparecido en gran medida, gracias a la huida del mutilado, y Lurk salió por un lateral de la fortaleza, sellando la entrada.

—Buen trabajo, codexnauta—dijo una voz no del todo desconocida—. Ahora, dame la información que hayas obtenido, antes de que te mutile.

*

Lurk casi podía sentir las infocuchillas en su espalda (virtual), como complemento a la amenaza.

—¿Drusilia? —murmuró.

—Hola Lurk —saludó la aludida, detrás de él.

Eran viejos conocidos. A veces aliados, a veces contendientes, abiertamente enfrentados o luchando espalda contra espalda en algunos de los ambientes más jodidos de todos los infomundos conocidos, desde la Red Púlsar a la Orcómeno, de la Xyphon a la Deymax y otras tantas impronunciables.

Pero Drusilia, ella —hasta donde Lurk sabía, usaba género femenino—, era al igual que el datófago, era una mercenaria de la comunicación, de los datos, del infoespacio, y si habían luchado hombro con hombro había sido simplemente por circunstancias que les había hecho caer del mismo bando, los avatares del trabajo podían llevarlos hacia intereses contrarios. No sería difícil, hacía falta poco; normalmente, dinero y un generoso patrón.
No era este el caso, y Lurk lo sabía, igual que Drusilia. Ambos se conocían muy bien y sabían que si uno no cedía en aquella situación la cosa podía acabar fatal. Nunca se habían enfrentado directamente, siempre se había retirado uno de los dos. Habían tenido suerte de que, de todos los codexnautas y mercenarios que había en la infored, aquella casualidad había sido extremadamente desafortunada… para ambhubieran coincidido ellos. No iba a acabar bien.

—Drusilia… ¿Qué quieres? ¿El banco de datos master? ¿El acceso superior?
—Quiero lo que tienes —repuso la mercenaria. Su voz estaba distorsionada por varios canales con criptocapas de comunicación—. No me vengas con sheras, Lurk. Sabes muy bien lo que quiero. Dame la criptofirma.

«Salvado», pensó Lurk. Se dio la vuelta despacio, sin movimientos bruscos. Pudo ver la imagen que había escogido Drusilia. La infosalteadora había optado por algo compacto, una forma sólida (no había por qué ser un ente antropomorfo), femenina una vez más, con armadura de combate de código duro y armas fluidas. La infohoja que llevaba brillaba y daba un tono mortecino a la máscara poligonal que le ocultaba el rostro. La niebla que se arracimaba en sus tobillos ocultaba zarcillos de código letal, como bien sabía Lurk, aunque por ahora su propia aura de cristal la mantenía apartada de forma latente y no agresiva.

—Te alegrará saber que no la tengo. No he usado ninguna criptofirma para entrar. No me ha hecho falta.

—¡Mientes! Sheik!

—¿A ti? ¡Jamás! —repuso retrocediendo y sacando distraídamente un cilindro iluminado en su interior—. He usado un inyector. No me ha hecho falta una simulación, ha sido todo muy limpio. Ya lo sabes. Es mi estilo. No quiero que sepan que he estado aquí, y una criptofirma deja un rastro en hash muy evidente. De aficionados.

—Esos muros son a prueba de inyectores, Lurk.

—No de los míos. Escribo los mejores del mercado y lo sabes. Me inyecté al otro lado.

—Imposible ¿Dónde está el avatar que te inyectó? —preguntó con un deje de rabia en la voz distorsionada.

—Justo detrás de ti.

Efectivamente un avatar idéntico a Lurk apareció justo detrás de Drusilia, dejó caer un dodecaedro que brillaba en color morado al suelo, lo que provocó que los zarcillos letales se desvanecieron al invalidar el protocolo de su defensa y le inyectó rápidamente algo en el hombro de su infoforma, abriéndose paso por la coraza de código duro.

—¿Qué me has…?

Pero las infohojas que había invocado se desvanecieron perdiendo toda entidad. Aquello funcionaría, aturdiéndola durante unos instantes, unos instantes preciosos para Lurk. Su avatar saludó y desapareció en una cascada de código autoinmolado y Lurk activó el protocolo de regreso en enjambre, descomponiendo su forma en varios enjambres de código que se dividieron en distintos lenguajes y que solo podría reensamblarse con una clave cuántica en su estación de salida. Si uno de los enjambres era interceptado su información era catapultada en paquetes cuánticos y proyectada en distintas direcciones. En ningún caso corría peligro.

Llegó a su estación de salida, que encontró tras desplazarse a toda velocidad por la infored. Pudo ver que había provocado cierto estándalo. No por lo que había robado sino por la intrusión  en sí (cosa habitual). Y sabía que Drusilia le guardaría rencor porque ahora era su rastro el que habían encontrado. Qué pena. Le caía bien. Era buena camarada cuando se terciaba.
Salió finalmente a través de su estación de cambio y su conciencia volvió a proyectarse en su cuerpo. El paquete de información había sido puesto en cuarentena y en breve lo sacaría totalmente limpio y con su propio código profiláctico a un contenedor desconectado a través de un dispositivo físico de inyección.

Al hacerlo, a través del augur, aquella pantalla hemiesférica, pudo ver qué era lo que tanto le interesaba a Antares. Conectó un par de veces a la infored para chequear información común y pudo comprobar que, realmente, había más capas de información. Ah, Antares. Siempre le traía los trabajos más interesantes. Y bien que le cobraba por ello.

Varias horas estándar después, mientras el sistema de alimentación artificial le procuraba sustento, Lurk conectó con el aquilenio, después de avisarle. Él había cumplido su parte del trato, tal como Lurk pudo comprobar en sus monitores de banda profunda. Ahora tenía más alcance…

La voz del vulpes sonó impaciente al otro lado.

—¿Qué tienes para mí? Tus hipernoséqué están conectados en la posición que me diste.

—Lo sé, puedo verlo desde aquí. Será divertido poder engancharme al Kjanato. Tengo lo que querías y, por suerte, queda cerca de ahí…

—Verás, me estoy moviendo. Han surgido… imprevistos.

—Cómo no… Bueno, a lo que voy. Vete a la estación Montarisa. Allí encontrarás algo de tu interés.

—¿Algo de mi interés? Especifica. Te dije que rastrearas las cuentas.

—Y es lo que he hecho. Y por un lado, a tu espíritu aquilenio le va a horrorizar lo que he encontrado. Por otro, a tu parte vulpes, le va a encantar.

—¡Suéltalo de una vez!

—La estación Montarisa es zona franca. Alguien pagó una cantidad astronómica desde tres navieras siderales a un equipo extremadamente bien preparado para formar escuadras de extracción y una de las escuadras está allí. Su código es estable, con un corte muy militar. No puedo conectarme directamente porque están aislados pero sí puedo decirte una cosa. Con los sensores profundos he escaneado el lugar donde se realizaron los pagos de las navieras, en ese helado montón de roca, y cuál fue mi sorpresa cuando vi que había cinco jodidos códigos de localización de la Corporación Medusa en activo. Tu rastro de muertos te lleva hasta esos propios puertos… que parecen haberse mudado.

Lurk sonrió para sí. Todo aquello tendría al aquilenio ocupado bastante tiempo. Ahora podría volver a su pasión: explorar la red Cárceri. En sus última expediciones de infourbex había observado varios puertos de apertura. ¿Quién querría volver a usar esa red antigua y abandonada?

Se preparó. El aquilenio había pagado. Siempre cumplidor. Por eso le gustaba. Tendría que comprar unas cuántas cosas si quería volver a abrir un acceso seguro a la red desde un espacio físico. Sentía que le picaban los puertos de acceso de las sienes y la espina dorsal en su asiento. Se estaba emocionando.

El Embozado

Yo estuve allí cuando todo ardió. Ellos lo llamaron guerra, yo lo llamo masacre. Porque no es una guerra cuando bombardeas, exterminas y arrasas con todo lo que hay sin una sola palabra por unos hechos que jamás se probaron. Pero qué voy a saber ego, tulo? Ego solo soy un novo, un novosector, un habitante de los cilindros. Cuando los cilindros eran nuestro hogar…

Ahora, desde la muerte decimatia de los míos, cuando los que llegaron desde el Aquila mataron a uno de cada diez aleatoriamente, como castigo, después de destruirlo todo… menos las estructuras que les interesaban, solo soy un desarraigado. Alguien preso de la ira, que cada noche sangra para los dioses más oscuros. No, no sus lares, ni sus penates, ni sus Ahura Mitras ni nada de eso. No. Solo juro una y otra vez venganza.

Antes tenía un nombre. Lo escribí una última vez en el polvo de Sarania, un asteroide capturado por mi cilindro para su explotación. Desde él cinco de nosotros vimos cómo todo era arrasado, porque estábamos minando el lugar cuando llegaron los destructores.

Desde allí vimos el dolor y la muerte, desde el polvo del espacio contemplamos cómo la estación era tomada, cómo la Garra desembarcaba a fuego y plasma y arrasaba con las viviendas y edificios de comunicaciones, entre otros. Todo control, borrado, toda resistencia, aplastada. Eso hace la Garra, eso hace Aquilenia: no crece nada tras su paso si hay resistencia, no hay límites para su venganza, no se conoce nada que los detenga cuando han empezado su misión.

Los motivos ya son lo de menos. Sí, escuché el exordio, sí, escuché sus razones. Mientras mi mundo ardía y los refugiados morían. No lloré cuando los planetas empezaron a desestabilizarse y a reventar: eso era lo que tenía que ocurrir. Solo espero mi momento. No soy nadie, soy un filo en la oscuridad, un filo irregular y truculento que busca su víctima.

Me infiltré entre los oscuros refugiados de las últimas peregrinatio. Solo un ingeniero, o un minero, un refugiado, nadie. Un embozado más en su propia desgracia.

un embozado más

Viajé hasta las colonias de Olympus mientras los aquilenios de las Tribus celebraban su nuevo hogar que yo ya veía que escondía secretos. ¿Qué cómo lo sé? Porque todo en Aquilenia parte de un secreto anterior, un secreto siempre más oscuro y vergonzoso. Desde que se huyó de Sagrada Mater Gea todo va de secreto en secreto.

Pero los Filos aprendimos algo: aprendimos el arte del Silentium. Algunos de nosotros estuvimos en las Fuerzas Auxiliares de la Garra. Los Novos teníamos ventajas tras un periodo de servicio, como todo lo que pasa por la Garra en Aquilenia. Y aunque no éramos tropas de combate no podían impedir que aprendiéramos al margen de la formación y entrenamiento que nos daban. Algunos, los que destacábamos fuimos destinados a equipos clandestinos, equipos sin honor, grupos que debían hacer lo que el Honor aquilenio les impedía… formalmente, al menos. Y como con todo, fueron desechados. Sí, les dieron el estipendio, y yo pude montar mi empresa minera en el Novosector. Hasta que la invadieron y tomaron para ellos.

Los Filos nos reunimos en Sallus, la luna moribunda, desde la que se veía Aquila Prima colapsar, estallar. Allí nos juramentamos, allí dimos un propósito a nuestros filos, que sacamos de su letargo oscuro, de donde los habíamos enterrado, simbólicamente, en este cementerio donde se enterraba a los nuestros, los que caían en acción (y aquellos que podían ser recuperados, claro). Juramos sobre sus huesos que aquello no quedaría impune. Trazamos nuestros planes y nos separamos, como la metralla de una bomba.

No sé dónde están mis compañeros, mis sombras, pues los Filos somos la sombra de los demás. Nos mantenemos alejados de las redes pegajosas del Obscurus, sabemos de su ponzoña… aunque si nos resultan útiles… es posible que hagamos algo, que los… utilicemos. Ya se verá.

¡Qué bonito es Olympus prime…! Orbitando alrededor de su colorido gigante gaseoso, mientras da vueltas a un sol amarillo que proporciona luz y calor.
Como muchos llevo la capucha puesta porque no quiero que me dé el nuevo sol hasta haberme acostumbrado. Soy un embozado más en sus calles, llenas de ellos. Mi vello facial ornado con dos tachones de la Garra evita que nadie se fije demasiado ni en mi envergadura ni en mi caminar, más cuidadoso de la media, evitando sus sistemas de vigilancia civil.

¿Mi arma? Es sencillo. Está dentro de mí. Es un filo que puede hacerse hasta monomolecular, y que puedo hacer aparecer en cualquier parte de mi cuerpo a través de mis nanos, uno nanos que, cortesía de los silos negros de la Garra, es de la más alta tecnología y absolutamente no solo ilegal sino también experimental. Puedo sacar un filo por mis manos y empuñarlo, por cualquier parte de mi piel. Decidimos usarlo como el instrumento de nuestra venganza. Solo una vez, en el aniversario de la masacre nos reunimos y ponemos en común los planes.

No, no somos unos anarquistas idiotas que quieren acabar con un gobierno, ni pretendemos derrocar al Aquila. Eso sería inviable, tiene demasiados mecanismos para sobrevivir. Queremos a los responsables de la masacre. Nosotros no mataremos a inocentes, solo a aquellos que consintieron en masacrar a una tribu entera para esconder sus propios secretos. Y ya que estamos, airearlos. A los aquilenios hay que recordarles muchas veces que su tranquilidad, su forma de vivir, tiene un coste muy alto, por encima de las pérdidas de la Garra. El coste de guardar sus propios monstruos debajo de las camas.

Es una mañana como otra cualquiera, el sol brilla, y mi objetivo, vestida de blanco, con una larga casaca, tres guardianes, un psicofante y una secretaria avanza por la calle principal de Olympus Prime. Ella no es el blanco, la alta patricia Ludmilla de la Tribu Tormentor, no es mi blanco. Lo es su segunda, Alcea, de la casa Tormentor, su prima. Ella estuvo en la reunión y ejerció el voto que condenó a las familias novosectoras a reunirse con el polvo. Ella tuvo la idea de esclavizar a los supervivientes de la tribu que seleccionaron según sus intereses en «reparación» por esa afrenta que nunca se produjo.

Lo más interesante de un caso como el que nos ocupa es que cuando hay una amenaza la cobertura se ejerce sobre la persona más importante. Alguien que ha estado en las sombras, conspirando, no tiene esa cobertura.

Sí, os he dicho que los Filos somos independientes, pero podemos actuar en conjunto si la situación lo requiere.

En esta amplia avenida peatonal, donde hay fuentes, bonitas plantas exóticas, aves extrañas que trinan y gorjean por esta calle abovedada donde los viandantes pueden quedar saturados de tanta belleza, con los templos y los monumentos a la peregrinación, a la Garra y los pequeños teatros tanto físicos como de proyección holográfica a la que son tan aficionados.

Una gran pantalla flotante da las noticias de los canales oficiales a la que te puedes conectar con tu propio voxcom para escucharlo mientras varios monolitos publicitarios ofrecen sus productos altamente personalizados, sobre todo si lee tus canales abiertos, asegurándose de ofrecerte aquello que necesitas.

Eso no ocurre cuando ellas pasan: son lecturas en blanco altamente codificadas, igual que sus guardianes. Ni en mi caso, ya que ofrezco una nube confusa de información. Si no saliera nada, un buen guardián me detectaría por la ausencia de lectura. Y los Filos no dejamos nada al azar.

Veo hacia dónde van. El edificio del Strategium está al fondo, a más de un estadio. Han decidido darse un buen paseo, así se lucen, así dejan a los aquilenios ver que los altos patricios también se relacionan, y hasta caminan por la calle, tengan o no puesto activo en el Senator. Claro que sí que caminan. Sobre todo cuando te custodia un pequeño ejército. Esos tres guardianes tienen armaduras tácticas bajo la ropa que los pueden convertir en algo solo un poco inferior a un tanque lanzadera de la Garra. Trajes Ursus CAV 5. Tecnología militar. La tribu nos tiene mucho aprecio, sí. La cuestión es superar esa barrera y aislar a mi blanco. Pero la ventaja de que vaya junto a uno muy custodiado es que todo lo que ocurra siempre parecerá dirigido a la cabeza más valiosa.

No estoy solo, claro que no. Hay más como yo, ya os lo he dicho… pero no nos dejamos ver. Las instrucciones que he emitido me proporcionarán la cobertura que necesito para realizar mi misión pero desaparecerán cuando esto acabe y la niebla se haya disipado. Sí, niebla. De eso va…

Me he entretenido mucho, estoy esperando a que el grueso de la gente desaparezca, porque hay un grupo de infantes que no quiero que vean más de lo necesario. No digo “nada”, digo “más de lo necesario”.

Todo sucede en una fracción. La fuente cercana empieza a soltar un extraño humo, denso, una pared neblinosa impenetrable a la vista. Mis spectris ya están preparados. Debo alabar la capacidad de los guardianes. Estos lictores personales forman en triángulo protegiendo perfectamente a la altopatricia. Aislando a mi blanco. De inmediato la agarro con una mano desde su punto ciego, las agujas que emergen por la palma de mi mano incapacitan sus nervios y la cubro con una capa mimética. Mis sicas atacan al grupo para darme más cobertura mientras me mezclo con el gentío y mi presa. El psicofante está en el suelo, llorando. Sus nanos no lo han protegido del agente irritante que lleva la niebla, no son tan buenos.

guardián Lictor

Cuando la niebla se disipe ellos habrán desaparecido, los guardianes estarán buscando el origen de los disparos y el foenikiam a nuestro servicio que se coló en la red para alterar las aguas de la fuente y no dejar rastro después se habrá desvanecido en el tráfico de la Púlsar.

Dentro de un par de horas encontrarán a la secretaria en una calle aledaña con nuestra marca en la frente, el cerebro vaciado, los ojos en blanco porque el escaneador es tan potente que los quema, y su cuerpo, su cascarón, sentado en el suelo con la garganta rajada.

Somos los Filos. Vosotros nos creasteis. Estamos tras vosotros, y no olvidamos. Ni perdonamos.

Los pontífices de Adayus / Los silentes

Lo cierto es que la sociedad aquilenia es contradictoria. Consideran la vida sagrada pero son una sociedad guerrera. Son religiosos pero no tienen religiones organizadas que los unifique sino pequeños cultos que cada cual escoge.

Otra muestra de ello son los Pontífices de Adayus o también llamados los Silentes. Es una orden mendicante de los pequeños manes ancestrales de la guerra.

Cada Legio de la Garra tiene varios manes asociados, espíritus guardianes y ancestrales de grandes guerreros que les acompañan allá donde se desplaza la Legio y a cuyo altar se unirá una réplica en miniatura de las máscaras mortuorias de quienes mueren en servicio.
Esos pequeños altares (a veces no tan pequeños, pues el central es inmenso en cada Legio, casi como una catedral a la que llaman Domus Manii, son atendidos por los Pontífices de Adayus, pero estos Pontífices hacen algo más.

Se dice de ellos, que mantienen varios templos en cada ciudad aquilenia, que entre Consagrados (los que permanecen en los templos) y Mendicantes, los nómadas, que se les puede encargar la muerte de alguien.

Cuentan que si tienes un fuerte y serios agravio del que no te puedes ocupar por un motivo aceptable, debes escribir el nombre en una lámina de plomo de las que se compran en los santuarios de los Penates. Esas que se usan para peticiones, maldiciones, para ofrendar con un poema escrito o un dibujo… Y una vez que la tienes, que has escrito con el buril o punzón el nombre y tribu de la persona cuya muerte se desea, tras cubrir el nombre con tu propia sangre, debes dejar la lámina doblada en el brasero del Santuario de Adayus dentro de un cartucho de cerámica.

Ese nombre será investigado y para que ello ocurra debe aprobarse por la Camara Silente. Al contratarlo entras en una Urna Maldita durante tres años en el que se recogen los nombres de quienes encargan una muerte. La noche de los Idus de Fuego se sortea mediante la mano inocente de la sacerdotisa de Adayus uno de esos nombres que está en una tesela de muerte que debes entregar al día siguiente de cuando lanzaste el nombre al fuego del brasero a través de las Bocas Homicidas, unas estelas grabadas en algunos puntos de la ciudad.

Tras todo esto los pontífices indicarán la donación que tiene que hacer, una vez estudiado el caso. No siempre es algo económico. Puede ser que sirvas a los Pontífices como mendicante, puede ser que entregues un mensaje, puede ser simplemente que te azotes públicamente y sin ninguna explicación, solo con la cara cubierta de ceniza para indicar que estás bajo la orden de un penate.

En los Idus de la Noche Oscura siguientes consultarás las teselas de la tábula principal de la pared del templo donde aparecerá un código cuya clave te esperará en tu hogar, no preguntes cómo. Ahí aparecerá la confirmación o no de la muerte deseada.

Cuando deseas la muerte de esa persona, se establece que morirá antes de los siguientes Idus del Fuego a menos que esta misma víctima lo evite, cosa que la libraría para siempre de las atenciones de los pontífices de Adayus.

No se sabe gran cosa de cómo ejecutan sus cometidos los pontífices de Adayus puesto que sus técnicas son absolutamente secretas.

Los templos se nutren de los huérfanos que depositan en sus puertas, o al menos eso dicen, y que entrenan como monjes… y puede que como algo más. Pero no existe ninguna confirmación oficial. Otro rumor dice que se hacen cargo de los huérfanos de guerra que han perdido a sus protenitores en la Garra y no tienen más familia, y otro rumor más que se escogen de entre la peor ralea de las bajas urbes, de los peores barrios. No se sabe exactamente y sus caminos son secretos, tortuosos, oscuros.

Son respetados y rara vez hablan en público. De vez en cuando salen en procesión, con la cara cubierta de ceniza y profundas ojeras negras resaltadas, así como marcas en la barbilla. Siempre en no menos de nueve de ellos que avanzan tocando una campana, pero sus destinos son desconocidos y el por qué de esas procesiones también. No participan de los rituales públicos salvo de las Glorias, momento en que aparecen en la puerta del templo principal de la ciudad donde se celebre y entregan una ofrenda a la persona Glorificada.

Dice la tradición que ellos custodian la Cinta Negra del Imperator, un cargo que solo se otorga bajo extrema necesidad y que solo se puede ostentar cuando los pontífices de Adayus reciben la orden del Senator y del Tricamerón sin fallo alguno de forma. No pueden oponerse pero si entregan la Cinta Negra, que es una tira de tela con cuadrados de metal oscuro que se ciñe en la frente, con el Aquila bocabajo, muestran disconformidad y el Imperator debe guardarse mucho de no cometer errores de vanagloria, o de lo contrario, los pontífices de Adayus tomarán venganza por deshonor.

solo ocurrió una vez en la historia Aquilenia registrada hasta ahora y tras realizarlo todo el templo salvo tres miembros cometieron suicidio, una vez arrojaron al imperator por las escaleras del Senator. Pero esa es otra historia.

Por ahora solo sabed que siempre hay alguien vigilando, que te puedes cobrar una vida que tú mismo no puedas por algún motivo pero que eso sitúa una daga en tu propio cuello.

¿Estás dispuesto?

Las Máscaras Mortuorias para los Aquilenios.

Las máscaras mortuorias

Ya hablamos de ellas en la entrada dedicada a los Lares, dado que en parte, son una forma de honrarlos.

Las máscaras mortuorias son un elemento atávico y totémico de los aquilenios, una forma de recordar su pasado, su memoria, de que no se desvanezca en el frío del sidera pese a lo que ocurra con la civilización y cuántas peregrinatio más deban asumir.

De ahí que una de las grandes Urcas de Memoria de los Aquilenios, fuertemente defendida y siempre en paradero desconcido salvo por el Tricamerón conserve copia de las máscaras mortuorias (cuando no la original) más notorias e incluso se puede solicitar que se lleve allí la familiar a cambio de un estipendium mortiis que se dejará en la capilla de las ánimas del templo del culto Leteo junto a la copia de la máscara o la original.

Las máscaras suelen confeccionarse en materiales resistentes y duraderos como metal, piedras duras y bien pulidas o cristales de alta presión. Las más antiguas suelen estar hechas de metal, incluyendo la del primer Senator y los más prominentes del Scholarium que realizaron los primeros esbozos de la civilización Aquilenia.

Dicen que la Urca, la Gran Arca de Memoria, construida con una tecnología olvidada, es un gran cilindro donde están todas esas máscaras en nichos iluminados, una especie de lugar sagrado e inalcanzable salvo para los Sacerdotes del Silencio, los que cuidan aquel espacio con celo, secretismo y si llega el caso, gran violencia.

Las familias que encargan una máscara mortuoria lo hacen al gremio de la Máscara, que no solo se dedican a esto dado que hay gran tradición de usar otros tipos de máscaras entre los aquilenios como en las festividades de la Carnalea, la Renovatio Noctis también conocida como Las Rondas, y también en algunas más oscuras como la Memento Ritualem, que se celebra en algunos puntos de los dominios aquilenios y alguna colonias pues se trata de una celebración que ha caído en desuso en las urbes más modernas.

Las máscaras mortuorias que están en posesión de la familia normalmente tienen un espacio determinado en la casa, en la capilla de los lares. La capilla se divide en tres partes y puede ser desde una habitación a un pequeño nicho en la pared en función de la disponibilidad de espacio.

Las partes son: el altar de ofrenda, el nicho de la máscara y el ofertorio.

El altar es un pequeño saliente bajo el nicho donde se suele colocar el drappus familiae que tiene inscritos los nombres de la Tribu y de la familia y que solo se saca de ahí para rituales como bodas, funerales y para re-sacralizarlo si en algún momento toca el suelo.

El nicho puede ser del tamaño de una máscara mortuoria, puede haber más de un nicho a lo largo de una pared completa o ser solo un pequeño espacio donde se tienen réplicas a escala de las máscaras de la familia y la tribu; eso suele pasar cuando algún miembro de la familia se independiza a otro hogar y quiere conservar ese lazo, cosa muy bien vista entre los aquilenios por la devoción a los antepasados que supone. En otros lugares o espacios se tiene una placa holográfica que reproduce imágenes escaneadas en tres dimensiones de las máscaras familiares. Algunos militares las tienen puesto que están desplazados pero también colonos y otros aquilenios. Esto les permite en cualquier momento reimprimir o encargar máscaras mortuorias de sus lares para su nuevo hogar.

El ofertorio, por su lado, es un cuenco situado frente al nicho y que es lo único que puede estar sobre el drappus familiae. El cuenco suele ser de piedra, no más ancho en su boca que una mano y en él reposa una mezcla de arena y cenizas. Las cenizas pueden ser de origen vegetal y en algunas familias más estrictas, cenizas de familiares. En estas cenizas se depositan ofrendas de inciensos especiales o gomorresinas aromáticas y también es el lugar donde se realizan juramentos solemnes con sangre propia, que debe caer sobre el ofertorio y pone así como testigos a los lares. Las máscaras mortuorias son testigos mudos pero con el peso de la persona que fueron sobre esos juramentos.

Es habitual en la moda aquilenia llevar pequeñas réplicas de las máscaras prendidas del cinturón o en un colgante, sobre todo de quien se tenga como lar cercano. En otras ocasiones, si se ha hecho un juramento solemne se suele llevar una miniatura de la máscara pendiendo de un hilo rojo en la muñeca del mismo brazo de que se haya extraído la sangre.

Las máscaras son moldes perfectos del rostro de la persona difunta pero muchas veces son adornadas y si bien no se cambia su estructura sí se añaden colores, filigranas, o a veces algunas líneas de expresión distintas. Esto se hace en aniversarios o con motivos muy particulares como querer honrar al lar para solicitar algún favor o protección.

No se suele tener más de una máscara mortuoria del mismo lar en el mismo nicho salvo que se trate de una copia para imbuirla de la esencia de ese lar, cosa que se hace con un ritual específico que debe realizar un sacerdote leteo y después dejar a oscuras la habitación durante tres noches.

Tratar de ponerse la máscara mortoria de un lar fuera de algún ritual específico es algo tan tabú que puede incluso decretarse la muerte del sujeto por orden del consejo de la Tribu, dado que es una gran ofensa.

La Tribu suele tener también una copia de resguardo de todas las máscaras mortuorias de sus miembros, sobre todo de los más destacados y anualmente se hace un sorteo para enviar copias  la Urca.

Cada máscara solemne, que es como se llaman las que tiene la Tribu en el nicho tribal, que es un lugar visitable por miembros de la misma, tiene un pequeño cristal de memoria que los rememoradores imprimen con la vida del sujeto, codificado en el dialecto tribal.

Relatos Veteranos I

Lysandro Lycaon, de los Trementinos.

Se llama Thelema 5. Está más allá de los planetas Saco de Carbón, a trece sistemas de distancia de Aquilenia y a doce de Olympus, la nueva patria de los aquilenios, nuestra nueva y orgullosa patria… Aunque estemos lejos.

Somos quinientos tres en número los veteranos desplazados hasta nuestra recompensa final, la recompensa de los veteranos, Thelema 5. Es un mundo bonito, hermoso a la luz de sus dos jóvenes estrellas que lo iluminan con el fulgor de una promesa y bajo la benévola presencia del gigante gaseoso que circunda. Tiene masas de agua y apenas ha necesitado geaformación. Pese a ser más pequeño que los del sistema Olympus, o los del sistema Aquilenio, alabados sean los lares, pero la masa interna del planeta hace que la gravedad sea de nivel uno estándar.

Los quinientos tres de la nao que se desplaza lentamente en el vacío hacia la órbita de desembarco de Th-5 está cargada de gestos cansados. En contra de lo que dice la propaganda de la Garra, los veteranos estamos cansados. Sí, queremos un mundo nuevo, de esos que nos hemos esforzado por proteger, por los que hemos luchado contra los enemigos de Aquilenia, pero estamos cansados y es que la guerra es una trituradora de espíritus. Junto mí hay algunos que han servido en mi misma Legio e incluso decuria; el bueno de Mamnio, Drusilia, la más dura de todos, nuestra excenturiona, con sus brazos llenos de cicatrices y su gesto duro, que mira por la portilla hacia ese mundo azul y verde que se despliega poco a poco ante nosotros. Acio, Teléreo, Filos, Duargir, los gemelos Lía y Laertes, Gretios y Iovantes… La vieja escuadra que, pese a todo, pese a la guerra eterna que persigue a las plumas del Aquila, pese a las campañas y las consecuencias que tiene para sus soldados, todos hemos sobrevivido. La escuadra gloriosa, nos llamaron. Ahora nuestros nombres están en el altar de los veteranos de nuestra base de la Legio II Ursus, las tropas de choque. El nuestro era el escuadrón de castigo Gladio Negro, invicto en más de… ¿Veis? Sigo hablando como un legionario, no como un granjero. ¿Podé serlo? Es nuestra recompensa. Es por lo que hemos luchado. Por lo que muchos han muerto: por Aquilenia y por nuestra jubilación. Porque si peleabas por tus derechos políticos, no habrías acabado en la Ursus.

Medio ciclo después nos conceden permiso para entrar en la estación de atraque. Estos planetas tienen, normalmente, pocas lanzaderas, salvo las de evacuación de emergencia (cosa implementada después de lo sucedido en Aquilenia) siendo la forma más común de llegar a la órbita los elevadores que se lanzan y anclan donde va haciendo falta o según la órbita de la estación de atraque.

Por fin, como las sirenas de los antiguos vehículos de desembarco de la Garra, se enciende una luz azul que nos indica que nos preparemos para salir. Casi todos nos llevamos la mano al pecho buscando el arma. Los viejos reflejos son difíciles de perder. Sé que la mayoría se ha traído armas: cuando vas al filo del espacio aquilenio, te conviene. Nunca sabes cuándo te vas a encontrar con un enemigo resentido, foenikiam que intenten arrasar un mundo por sus recursos o alguna otra amenaza aún desconocida. Pero no las llevamos con nosotros. Aún no. Esto es el equivalente a ser… civiles.

Nos disponemos, levantándonos y recogiendo nuestros petates y equipajes. Escucho algunas articulaciones metálicas crujir, gruñidos y toses. Miro atrás. Los veo extraños: no solo cansados, ansiosos por desembarcar y pisar tierra, algunos con los fantasmas de sus acciones aún pululando tras sus duras miradas. No, me doy cuenta de que hecho algo de menos: ninguno lleva un casco de combate ni la voluminosa armadura de la Ursus. De nuevo: somos civiles.

Las puertas se abren y muchos se contienen para no gritar. Siempre lo hacíamos al salir al barro, a otras naos que asaltáramos, en ferrocemento o la tierra sucia de sangre donde nos enviaran. Ursus unquis, Victoria et Aquilenia! El lema que muchos llevamos tatuado en algún punto del cuerpo acude a nuestras lenguas, pero nos contenemos. Ya no tenemos derecho a decirlo. Somos veteranos retirados.

Salimos a la estación de atraque donde dos oficiales de la Oficina de Veteranos y Recompensas nos dan nuestros nuevos destinos. No está mal, pienso al recoger la pequeña tabla de datos que me entregan, nada mal. Granja de producción de cereal, alto desempeño, cuatrocientos estadios, vivienda operativa y material dispuesto. Le acompaña un manual y un enorme texto que afirma cuánto me vuelve a necesitar Aquilenia esta vez empuñando los mandos de un recolector, en vez de un traje de demolición armado de cañones de icotrita. Sigo siendo indispensable, un activo. Claro que sí, majo, claro que sí.

Pero si eso significa poder descansar, hacer que las bombas, los proyectiles y haces de energía dejen de retumbar de mis recuerdos a mis huesos, será bienvenido. Sé que la tasa de suicidio de veteranos por postrauma es relativamente elevada, pero los Ursus tenemos una de las más bajas. Quién lo diría, siendo una tropa de choque. Eso es por la disciplina y porque nos gusta lo que hacemos, nos gusta trabajar con nuestras propias manos. Vale, puede que la frase dicha así, en frío, pueda tener un tinte homicida, pero como tropa siempre hemos sido una legión tan valorada como temida.

Salimos hasta los elevadores. En el vestíbulo, un lugar toroidal, un tubo circular, donde están los elevadores que nos bajarán a tierra, muchos nos despedimos haciendo promesas de vernos en las Equilibrium Noctis, cuando ya estemos asentados y tengamos tierra hasta en el culo. Reímos, nos abrazamos, algunos se besan, otros lloran. Llegan los primeros elevadores con un siseo y una voz sintética anuncia el destino. Parten mis compañeros, les deseo lo mejor. Me mantuvieron vivo, me dieron apoyo, su sangre y su sudor. Algunos incluso algo más en las noches de campaña. Somos hermanos de sangre, somos hermanos bajo la Garra.

Y ahí, en el límite del control Aquilenio, en lo profundo del Sidera, miro abajo por el cristal combado, viendo el mundo que me espera, abajo, muy abajo. Ese es mi nuevo hogar. Llega el elevador que anuncia mi destino, donde me depositarán para que llegue hasta mi nueva responsabilidad. Tengo suerte: mis vecinos serán los gemelos y la excenturiona Drusilia.

Entro en el elevador. Palmadas en las espaldas, un abrazo de Sigurnia, fuerte y seco, mi ala derecha en el pelotón que tiene lágrimas en su ojo orgánico. Entro con otros quince, incluyendo a quienes serán mis vecinos. Las puertas se cierran con un siseo y nos sentamos. Sentimos la presurización y vemos cómo bajamos por ese tubo largo que desde aquí parece curvarse hasta tocar suelo. En el horizonte un sol amarillo ilumina una parte del mundo, tras el gigante gaseoso que copa casi toda la visión superior, blanco y lechoso. Cuando toque tierra estará amaneciendo.

Se llama Thelema 5 y ahora es mi hogar.

Saturnum Veritas

Hace más de 5 mil años que los Aquilenios dejaron el sistema Matergeano, y mucho de su saber es aquel que trajeron en las primeras Peregrinatio y en las Arcas.

De ellas aprendieron y reconfiguraron todo lo que conocían desde que viajaban en las grandes naves fundadoras hasta dar con los sistemas que habitaron.

Actualmente, en el sistema Olympus (tanto como en los milenios que pasaron en el sistema Aquilenium), una de las celebraciones más antiguas que se recuerdan era el Saturnum Veritas.
Según se contaba, en las épocas de más frío se solían celebrar festividades que juntaban a las familias en torno al fuego y compartir historias, además de los víveres del invierno, también para darse calor mutuo, y aquello se transmitió y siguió celebrando. En los planetas fríos y en los cálidos, en los estacionales y en los no estacionales.

En familia

La Saturnum Veritas, una fiesta en torno a la que giraban (y giran) los conceptos de perdonar y renovar los lazos. En la que los aquilenios se reunían y leían los poemas que componían relatando cómo había transcurrido su año (casi todos lo hacían). Una vez leído, lo arrojaban al fuego pues se escribía en un material combustible especialmente preparado preparado para ello, el llamado el saturnum crosta. Con el tiempo a este elemento se le agregaron sustancias para hacer que cuando se quemara saltaran chispas, colores y algunos pequeños fuegos artificiales que celebraran el hecho de dejar paso a un nuevo año y nuevos propósitos.

En la Satrunum Veritas, como todo buen evento Aquilenio, se comía, mucho, y siempre las mejores recetas que se pudieran elaborar, siendo muy comunes las carnes y las verduras asadas al fuego además de algunos dulces y la miel.

Tradicionalmente en el día y la noche de Saturnum Veritas no puede mentirse y se tiene que responder siempre la verdad, si quieres que tu siguiente año sea próspero y libre de enemigos, y los Aquilenios se esfuerzan en intentar no mentir. Y si tienen que reservarse alguna información por causa de fuerza mayor acuden al silentium, una tradición que permite salvaguardar secretos, poniéndose una mascarilla negra cuando les es preguntado. Se supone que responden a las preguntas, pero por debajo de la mascarilla y con voz casi inaudible, no faltando así a la tradición, pero siendo reservados. Hacerlo en familia se considera de mala educación pero puede hacerse por fuerza mayor y de estado; hacer una pregunta de este tipo, delicado, a sabiendas, se considera extremadamente grosero y se censurará a la persona que lo haga.

En sociedad

En Saturnum Veritas las familias vecinas suelen visitarse a lo largo de la calle, y también por tribus. Es habitual que los Consejos de Tribu se hagan obsequios unos a otros y renueven lazos, además de que se coloquen las grímpolas. Estos pequeños estandartes marcan cuántos matrimonios están dispuestos a acoger el año siguiente, cosa que se determinará siempre al final del invierno, pudiendo retirarse alguna grímpola hasta ese momento; es al final de este periodo cuando se le da la vuelta a la grímpola y se revelan los nombres de quienes están en busca de una alianza matrimonial.

Entre Tribus las ofrendas se hacen en la Sede del Consejo de cada una, siempre por los cabeza de Tribu, y son donaciones internas voluntarias.

Si alguien ha solicitado una Vindicta contra otra Tribu o miembro de otra Tribu es ahora cuando puede «aplacarla» y su honor no se verá afectado, dejando el nombre de los agraviados envuelto en un puñal ritual de Saturnum, en los maderos de la Basílica de los Lares Aquilenios.

En la Garra

Los soldados en activo que están desplegados y no pueden acudir a sus hogares suelen reunirse por Tribus o por escuadras, realizando algunas tradiciones como cantar, los saturnum crosta, y también algunas competiciones de combate desarmado (surgió como una forma de entrar en calor) quitándose una cinta roja de un brazo, la frente y una pierna, (una forma de combate ritual), y la Garra suele disponer un pequeño banquete para los soladados junto a sus superiores presentes sin distinción de rango.
Por supuesto cada legión añade sus propias tradiciones ganadas a través de los años.

Ciudades y decoración

Es habitual decorar las ciudades y las casas con motivos dorados y rojos, asociados al fuego de Aeshma Mitrah además de la sangre de los antepasados. Las máscaras mortuorias de las familias suelen ser decoradas también con algunos de estos colores y se les realizan devociones y ofrendas con lámparas de aceite y frutos, además de un poco de sangre fresca de la familia.

Si hay un nuevo miembro de la familia se usa sangre de un pequeño pinchazo que se dispondrá en un plato de cerámica bajo las máscaras familiares y otro que se llevará al Hogar de los Lares de la Tribu durante la noche de Saturnum Veritas como parte de su entrada en la Tribu y reconocimiento por parte de los progenitores y/o adoptantes (puede hacerse con cualquier edad y adopción, incluso con adultos).

Además el Senator dicta varios días festivos y se celebran grandes festejos públicos al aire libre con enormes hogueras. También existen la tradición de llevarse un madero ardiente hasta el hogar y echarlo al fuego que se haya encendido para fortalecer los lazos de la comunidad compartiendo el mismo fuego.

Se considera un mal augurio para una familia si el madero que llevan al hogar se apaga antes de que arribe por lo que suele tenerse siempre mucho cuidado, y solo se consideran a salvo una vez que la llama ha traspuesto el umbral de la casa.

La secta del sol verde

Un relato del surgimiento de Olympus.

13 Años antes de la Peregrinatio.

Mi nombre es Tracia. Tracia Alana, de la tribu Tormentor. Soy una aquilenia venida a menos, una de los que, tras cometer errores y algunas imperdonables faltas como rechazar una orden directa de un superior (que implicaba la muerte de ciudadanos aquilenios durante la Purga de Aquila Secunda) se vieron obligados a tomar el dilema del messerian. Así es como se conoce al hecho de ser degradada y conservar el honor o ser licenciada con deshonor. Opté por el licenciamiento, puesto que la orden de Guerra aún no se había dado, y pese al deshonor y la rebaja pertinente, tras mis quince años de servicio aún conseguí una buena paga.

La paga la aposté entera en las Glorias, con la fortuna suficiente como para que me saliera bien y consiguiera triplicarla, lo que era una cantidad considerable para establecerme casi como nova patricia. Mi Tribu está poblada por grandes miembros como Héctor Ferox, o Serena Daliana, y hay muchos patricios y tres o cuatro ultrapatricios. Pero me conformé con el golpe de suerte y decidí, dada la hostilidad del momento y lo que estaba ocurriendo, sabiendo que podían reengancharme, enrolarme en las flotas expedicionarias hacia Olympus.

Aquí estoy, en Olympus Primaris, donde, sentada al lado de lo que debió ser la cabeza gigante de una estatua, escribo esto en mi tabula y dejo constancia de lo que hemos encontrado.

Llevamos cinco ciclos completos en la Colonia Aquila Aurea 56, que posee los motores de oxigenación que aclimatan la mayor parte del planeta. Olympus es compatible con la vida pero sigue siendo un poco ácida, demasiado sufurosa, y por ello mediante el uso de piramidiones oxigenantes equilibramos ese «ácido» de la atmósfera para hacerlo más fácilmente respirable. Los que llevamos más tiempo aquí podemos asimilar la atmósfera sin tanto problema pero llevamos respiradores igualmente por si tenemos alguna crisis que los nano-sanadores no puedan paliar.

Pertenezco al batallón 3 de reconocimiento que se encarga de realizar batidas en profundidad y cartografiar el terreno para el asentamiento de la Urbe Condita III, que ya se está construyendo, la mitad sobre tierra y la otra mitad sobre el océano, preparada para recibir a los que lleguen en la Peregrinatio I, II y V, entre ellos llegarán Ultrapatricios y también miembros del Senator.
Así que me he dedicado a reconocer bastantes estadios cuadrados de distancia, desde la costa donde se va a asentar UCIII hasta la cadena de volcanes, altos, oscuros, humeantes, y que ya están siendo purgados y apagados por los Geósofos que han estudiado todo el sistema de tectónica de placas. Me recuerda un poco a Aquila Secundus, cuando… bueno, cuando ocurrió Aquello.
El volcán más grande de todos parece que no se pude apagar normalmente y han creado largas brechas por las que derrama su magma y oscurece el cielo con sus altas nubes. Pero está casi neutralizado y prevén que en ocho ciclos podrán sellarlo y hacer aperturas programadas para aliviar la presión. Es fascinante cómo han conseguido, esos genios locos de las piedras y la lava, controlar una fuerza tan primordial. Además ahora están especialmente empeñados después de que todos sus esfuerzos para con Aquila Magna y Aquila Secunda, hasta Prima, fueran en vano, como si todo lo que supieran no sirviera para nada.

Desde esta vasta llanura fértil de hierba verde y extensiones inconmensurables y bellas veo las columnas anaranjadas elevarse y las nubes oscurecer el cielo, que contrastan con fuerza. Toda la llanura está plagada de restos. Superviso como veterana la actividad de arqueo-reconocimiento y protejo a los investigadores cuando no estoy haciendo mi trabajo de reconocimiento.

Así fue cómo descubrí los restos de la Secta del Sol Verde y sus guardianes aún funcionales y también es la historia de cómo unos cuantos locos establecieron que Olympus era seguro para Aquilenium… Pese a nuestra opinión.

Tracia Alana Tormentor, Ex-Garra. Messerian.
Cuerpo de Reconocimiento y Geaformación de Aquilenium.

Los data-foenikiam

Los data-foenikiam (término de origen olvidado y que permanece congelado para singular y plural) designa a una categoría de salteadores de los espacios virtuales (siendo los Foenikiam los que lo hacen en el mundo real).
Por supuesto, con el trabajo surge la especialización, y los DF se estratifican en función de a qué se dedican y en qué áreas.

Psiconautas:
Son aquellos que se sumergen con toda la psi en lugar de dejar un ancla en el mundo físico, confiando en las múltiples balizas que pueden dejar en el infoespacio y en las distintas redes para encontrar su camino de vuelta a su puerto nativo.
Son incursores altamente expertos y que suelen vender sus servicios de recabación de datos, sabotaje, inyección de datos y asedio de datafortalezas.

Eradores:
Especialistas en borrar y reconfigurar las redes. Casi no interactúan con el mundo exterior, fuera de las inforedes. Hay rumores de un «mundo cripta Eradom» donde pueden fundirse y transmigrar sus psiques a un mundo baliza y, desde ahí, poder emerger en nuevas redes de otras civilizaciones, algunas aún desconocidas para los aquilenios.
Dicen los rumores que están relacionados con las Guerras Crípticas.

Profundos:
Tienen pequeños reinos en el infoespacio y están totalmente inmersos, sin anclas reales. Pueden crear redes Cárceri y tumores de datos para entrar en las grandes redes e inyectar código malicioso y corrupto. Son capaces de crear guerras digitales y muy peligrosos puesto que tienen sus propias y ambiciosas agendas. En ocasiones pueden ser colaboradores de agentes externos (sacos de carne, los llaman), solo para extender su influencia en nuevas redes. Los Profundos son extremadamente inestables y sus reinos-infierno son lugares de pesadilla casi imposibles de atacar dado que están creados en un código propio y solo un asedio numeroso podría hacerles algo. La recompensa son los increíbles datos que guardan en sus bóvedas.

Buscadores de Orishiam:
Estos data-foenikiam buscan a las legendarias Aberraciones Inteligentes para saber qué fue de ellas, por qué abandonaron la lucha o todo signo de comunicación. Son capaces de comunicarse con las máquinas pensantes que han encontrado y se complacen en ello buscando una pureza de pensamiento que va más allá del código.
Son idealistas pero algunos ya han encontrado algunas respuestas… y no les ha gustado.

Mutilados:
Son aquellos a los que han desconectado bruscamente de sus cuerpos físicos y también de los cerebros, sin tener ningún respaldo orgánico y se han quedado en el infoespacio, abandonados. Algunos enloquecen, otros buscan cómo recuperar un cuerpo, y otros acaban convertidos en Profundos o en entidades inefables que crean sus propios mundos.

Criptofabricantes:
Especialistas en crear autónomos, instrucciones de disparador, programaciones especiales altamente avanzadas y objetos que usar en el infoespacio. Son proveedores de herramientas de todo tipo de material necesario que los datafoenikiam no son capaces de crear por su propia cuenta.

Encriptadores:
Especialistas en seguridad a todos los niveles: Asaltantes o Bastiones (atacantes o defensores) que pueden ayudar en distintas acciones privadas o públicas como mercenarios. También hay clases inferiores: usurpadores, correctores y agentes libres.

El Obscurus

El Obscurus nació como una necesidad vinculada al Honor y la Responsabilidad de la Garra.

La Aquilenia es una sociedad que parte del Honor, de las virtudes de los guerreros, de la honestidad del combate. Pero no son tontos. Entienden que no todos sus enemigos (y se entiende como enemigo cualquiera que no sea Aquilenio y desee el bien de los aquilenios) siguen esas sendas de Honor. Y por ello surgió el Obscurus.

Un órgano secreto cuya organización intrena es un enigma. Solo lo conocen los miembros de esta rama que dejó en su momento el honor a un lado para poder actuar como debía por el bien de la civilización Aquilenia.

El Obscurus tiene legitimidad y competencias en todas las ramas y responde directamente ante el Triunviro o la Comisio In Rebus declarada por el Senator, que también tiene tres representantes que juran por sus vidas no revelar nada de lo que traten en su tiempo de supervisión.
Pero solo supervisan. El Obscurus tiene su propio órgano rector que, además, desarrolló una rama interna de investigación de corrupción de sus propios miembros, los Triarii-Obscurus, también conocidos como Statori.

El objeto del Obscurus

El Obscurus es una mezcla entre agencia de espionaje, policía militar y policía secreta senatorial sin llegar a ser política (es decir, solo se ocupan de los casos que afectan a la Civilización Aquilenia, la Garra, a nivel corrupción de mandos y a infiltrarse en otras civilizaciones para obtener datos de inteligencia, apoyada por otras organizaciones como la Oficina Gerioniana en su vertiente de inteligencia, los llamados Xenofrumenter).

Por otro lado también tienen una agenda secreta que comparten solo con los tres observadores del Senator y cuyas vidas quedan afectadas por ello. Los observadores pueden llamar a consultas a los Triarii-Obscurus si observan que los planes están yendo demasiado lejos o son de una moralidad cuestionable en cuanto al objeto de lo que se está investigando o interviniendo.

En muchas ocasiones el Obscurus facilitan las acciones de los opositores de la civilización Aquilenia solo para encontar una situación más ventajosa y, entonces, dar un golpe de gracia que puede aniquilar de una sola ve a toda la organización o actores contrarios a Aquilenia.

Su lealtad está fuera de toda duda, y sus actos quedan siempre sellados en las Actas Obscura, que son destruidas periódicamente (o eso dicen).

Sus operativos son muchos, desde simples informantes (que jamás sabrán que están informando a agentes del Obscurus) a falsos agentes, agentes dobles, durmientes, terroristas aquilenios en territorio enemigo, saboteadores, foenikiam con patente de corso y mercaderes. Siempre personas capaces de recabar gran cantidad de información antes que operativos de acción. Para ello el Obscurus tiene a sus gens in rebus, agentes generales, y luego los operativos especiales, los «lictores obscurae rebus» conocidos en el propio Obscurus como Lictores Oscuros, que son los agentes dedicados a los asesinatos, sabotajes, envenenamientos, intromisión e irrupción en las redes y que están extremadamente bien preparados.