El Embozado

Yo estuve allí cuando todo ardió. Ellos lo llamaron guerra, yo lo llamo masacre. Porque no es una guerra cuando bombardeas, exterminas y arrasas con todo lo que hay sin una sola palabra por unos hechos que jamás se probaron. Pero qué voy a saber ego, tulo? Ego solo soy un novo, un novosector, un habitante de los cilindros. Cuando los cilindros eran nuestro hogar…

Ahora, desde la muerte decimatia de los míos, cuando los que llegaron desde el Aquila mataron a uno de cada diez aleatoriamente, como castigo, después de destruirlo todo… menos las estructuras que les interesaban, solo soy un desarraigado. Alguien preso de la ira, que cada noche sangra para los dioses más oscuros. No, no sus lares, ni sus penates, ni sus Ahura Mitras ni nada de eso. No. Solo juro una y otra vez venganza.

Antes tenía un nombre. Lo escribí una última vez en el polvo de Sarania, un asteroide capturado por mi cilindro para su explotación. Desde él cinco de nosotros vimos cómo todo era arrasado, porque estábamos minando el lugar cuando llegaron los destructores.

Desde allí vimos el dolor y la muerte, desde el polvo del espacio contemplamos cómo la estación era tomada, cómo la Garra desembarcaba a fuego y plasma y arrasaba con las viviendas y edificios de comunicaciones, entre otros. Todo control, borrado, toda resistencia, aplastada. Eso hace la Garra, eso hace Aquilenia: no crece nada tras su paso si hay resistencia, no hay límites para su venganza, no se conoce nada que los detenga cuando han empezado su misión.

Los motivos ya son lo de menos. Sí, escuché el exordio, sí, escuché sus razones. Mientras mi mundo ardía y los refugiados morían. No lloré cuando los planetas empezaron a desestabilizarse y a reventar: eso era lo que tenía que ocurrir. Solo espero mi momento. No soy nadie, soy un filo en la oscuridad, un filo irregular y truculento que busca su víctima.

Me infiltré entre los oscuros refugiados de las últimas peregrinatio. Solo un ingeniero, o un minero, un refugiado, nadie. Un embozado más en su propia desgracia.

un embozado más

Viajé hasta las colonias de Olympus mientras los aquilenios de las Tribus celebraban su nuevo hogar que yo ya veía que escondía secretos. ¿Qué cómo lo sé? Porque todo en Aquilenia parte de un secreto anterior, un secreto siempre más oscuro y vergonzoso. Desde que se huyó de Sagrada Mater Gea todo va de secreto en secreto.

Pero los Filos aprendimos algo: aprendimos el arte del Silentium. Algunos de nosotros estuvimos en las Fuerzas Auxiliares de la Garra. Los Novos teníamos ventajas tras un periodo de servicio, como todo lo que pasa por la Garra en Aquilenia. Y aunque no éramos tropas de combate no podían impedir que aprendiéramos al margen de la formación y entrenamiento que nos daban. Algunos, los que destacábamos fuimos destinados a equipos clandestinos, equipos sin honor, grupos que debían hacer lo que el Honor aquilenio les impedía… formalmente, al menos. Y como con todo, fueron desechados. Sí, les dieron el estipendio, y yo pude montar mi empresa minera en el Novosector. Hasta que la invadieron y tomaron para ellos.

Los Filos nos reunimos en Sallus, la luna moribunda, desde la que se veía Aquila Prima colapsar, estallar. Allí nos juramentamos, allí dimos un propósito a nuestros filos, que sacamos de su letargo oscuro, de donde los habíamos enterrado, simbólicamente, en este cementerio donde se enterraba a los nuestros, los que caían en acción (y aquellos que podían ser recuperados, claro). Juramos sobre sus huesos que aquello no quedaría impune. Trazamos nuestros planes y nos separamos, como la metralla de una bomba.

No sé dónde están mis compañeros, mis sombras, pues los Filos somos la sombra de los demás. Nos mantenemos alejados de las redes pegajosas del Obscurus, sabemos de su ponzoña… aunque si nos resultan útiles… es posible que hagamos algo, que los… utilicemos. Ya se verá.

¡Qué bonito es Olympus prime…! Orbitando alrededor de su colorido gigante gaseoso, mientras da vueltas a un sol amarillo que proporciona luz y calor.
Como muchos llevo la capucha puesta porque no quiero que me dé el nuevo sol hasta haberme acostumbrado. Soy un embozado más en sus calles, llenas de ellos. Mi vello facial ornado con dos tachones de la Garra evita que nadie se fije demasiado ni en mi envergadura ni en mi caminar, más cuidadoso de la media, evitando sus sistemas de vigilancia civil.

¿Mi arma? Es sencillo. Está dentro de mí. Es un filo que puede hacerse hasta monomolecular, y que puedo hacer aparecer en cualquier parte de mi cuerpo a través de mis nanos, uno nanos que, cortesía de los silos negros de la Garra, es de la más alta tecnología y absolutamente no solo ilegal sino también experimental. Puedo sacar un filo por mis manos y empuñarlo, por cualquier parte de mi piel. Decidimos usarlo como el instrumento de nuestra venganza. Solo una vez, en el aniversario de la masacre nos reunimos y ponemos en común los planes.

No, no somos unos anarquistas idiotas que quieren acabar con un gobierno, ni pretendemos derrocar al Aquila. Eso sería inviable, tiene demasiados mecanismos para sobrevivir. Queremos a los responsables de la masacre. Nosotros no mataremos a inocentes, solo a aquellos que consintieron en masacrar a una tribu entera para esconder sus propios secretos. Y ya que estamos, airearlos. A los aquilenios hay que recordarles muchas veces que su tranquilidad, su forma de vivir, tiene un coste muy alto, por encima de las pérdidas de la Garra. El coste de guardar sus propios monstruos debajo de las camas.

Es una mañana como otra cualquiera, el sol brilla, y mi objetivo, vestida de blanco, con una larga casaca, tres guardianes, un psicofante y una secretaria avanza por la calle principal de Olympus Prime. Ella no es el blanco, la alta patricia Ludmilla de la Tribu Tormentor, no es mi blanco. Lo es su segunda, Alcea, de la casa Tormentor, su prima. Ella estuvo en la reunión y ejerció el voto que condenó a las familias novosectoras a reunirse con el polvo. Ella tuvo la idea de esclavizar a los supervivientes de la tribu que seleccionaron según sus intereses en «reparación» por esa afrenta que nunca se produjo.

Lo más interesante de un caso como el que nos ocupa es que cuando hay una amenaza la cobertura se ejerce sobre la persona más importante. Alguien que ha estado en las sombras, conspirando, no tiene esa cobertura.

Sí, os he dicho que los Filos somos independientes, pero podemos actuar en conjunto si la situación lo requiere.

En esta amplia avenida peatonal, donde hay fuentes, bonitas plantas exóticas, aves extrañas que trinan y gorjean por esta calle abovedada donde los viandantes pueden quedar saturados de tanta belleza, con los templos y los monumentos a la peregrinación, a la Garra y los pequeños teatros tanto físicos como de proyección holográfica a la que son tan aficionados.

Una gran pantalla flotante da las noticias de los canales oficiales a la que te puedes conectar con tu propio voxcom para escucharlo mientras varios monolitos publicitarios ofrecen sus productos altamente personalizados, sobre todo si lee tus canales abiertos, asegurándose de ofrecerte aquello que necesitas.

Eso no ocurre cuando ellas pasan: son lecturas en blanco altamente codificadas, igual que sus guardianes. Ni en mi caso, ya que ofrezco una nube confusa de información. Si no saliera nada, un buen guardián me detectaría por la ausencia de lectura. Y los Filos no dejamos nada al azar.

Veo hacia dónde van. El edificio del Strategium está al fondo, a más de un estadio. Han decidido darse un buen paseo, así se lucen, así dejan a los aquilenios ver que los altos patricios también se relacionan, y hasta caminan por la calle, tengan o no puesto activo en el Senator. Claro que sí que caminan. Sobre todo cuando te custodia un pequeño ejército. Esos tres guardianes tienen armaduras tácticas bajo la ropa que los pueden convertir en algo solo un poco inferior a un tanque lanzadera de la Garra. Trajes Ursus CAV 5. Tecnología militar. La tribu nos tiene mucho aprecio, sí. La cuestión es superar esa barrera y aislar a mi blanco. Pero la ventaja de que vaya junto a uno muy custodiado es que todo lo que ocurra siempre parecerá dirigido a la cabeza más valiosa.

No estoy solo, claro que no. Hay más como yo, ya os lo he dicho… pero no nos dejamos ver. Las instrucciones que he emitido me proporcionarán la cobertura que necesito para realizar mi misión pero desaparecerán cuando esto acabe y la niebla se haya disipado. Sí, niebla. De eso va…

Me he entretenido mucho, estoy esperando a que el grueso de la gente desaparezca, porque hay un grupo de infantes que no quiero que vean más de lo necesario. No digo “nada”, digo “más de lo necesario”.

Todo sucede en una fracción. La fuente cercana empieza a soltar un extraño humo, denso, una pared neblinosa impenetrable a la vista. Mis spectris ya están preparados. Debo alabar la capacidad de los guardianes. Estos lictores personales forman en triángulo protegiendo perfectamente a la altopatricia. Aislando a mi blanco. De inmediato la agarro con una mano desde su punto ciego, las agujas que emergen por la palma de mi mano incapacitan sus nervios y la cubro con una capa mimética. Mis sicas atacan al grupo para darme más cobertura mientras me mezclo con el gentío y mi presa. El psicofante está en el suelo, llorando. Sus nanos no lo han protegido del agente irritante que lleva la niebla, no son tan buenos.

guardián Lictor

Cuando la niebla se disipe ellos habrán desaparecido, los guardianes estarán buscando el origen de los disparos y el foenikiam a nuestro servicio que se coló en la red para alterar las aguas de la fuente y no dejar rastro después se habrá desvanecido en el tráfico de la Púlsar.

Dentro de un par de horas encontrarán a la secretaria en una calle aledaña con nuestra marca en la frente, el cerebro vaciado, los ojos en blanco porque el escaneador es tan potente que los quema, y su cuerpo, su cascarón, sentado en el suelo con la garganta rajada.

Somos los Filos. Vosotros nos creasteis. Estamos tras vosotros, y no olvidamos. Ni perdonamos.

Los pontífices de Adayus / Los silentes

Lo cierto es que la sociedad aquilenia es contradictoria. Consideran la vida sagrada pero son una sociedad guerrera. Son religiosos pero no tienen religiones organizadas que los unifique sino pequeños cultos que cada cual escoge.

Otra muestra de ello son los Pontífices de Adayus o también llamados los Silentes. Es una orden mendicante de los pequeños manes ancestrales de la guerra.

Cada Legio de la Garra tiene varios manes asociados, espíritus guardianes y ancestrales de grandes guerreros que les acompañan allá donde se desplaza la Legio y a cuyo altar se unirá una réplica en miniatura de las máscaras mortuorias de quienes mueren en servicio.
Esos pequeños altares (a veces no tan pequeños, pues el central es inmenso en cada Legio, casi como una catedral a la que llaman Domus Manii, son atendidos por los Pontífices de Adayus, pero estos Pontífices hacen algo más.

Se dice de ellos, que mantienen varios templos en cada ciudad aquilenia, que entre Consagrados (los que permanecen en los templos) y Mendicantes, los nómadas, que se les puede encargar la muerte de alguien.

Cuentan que si tienes un fuerte y serios agravio del que no te puedes ocupar por un motivo aceptable, debes escribir el nombre en una lámina de plomo de las que se compran en los santuarios de los Penates. Esas que se usan para peticiones, maldiciones, para ofrendar con un poema escrito o un dibujo… Y una vez que la tienes, que has escrito con el buril o punzón el nombre y tribu de la persona cuya muerte se desea, tras cubrir el nombre con tu propia sangre, debes dejar la lámina doblada en el brasero del Santuario de Adayus dentro de un cartucho de cerámica.

Ese nombre será investigado y para que ello ocurra debe aprobarse por la Camara Silente. Al contratarlo entras en una Urna Maldita durante tres años en el que se recogen los nombres de quienes encargan una muerte. La noche de los Idus de Fuego se sortea mediante la mano inocente de la sacerdotisa de Adayus uno de esos nombres que está en una tesela de muerte que debes entregar al día siguiente de cuando lanzaste el nombre al fuego del brasero a través de las Bocas Homicidas, unas estelas grabadas en algunos puntos de la ciudad.

Tras todo esto los pontífices indicarán la donación que tiene que hacer, una vez estudiado el caso. No siempre es algo económico. Puede ser que sirvas a los Pontífices como mendicante, puede ser que entregues un mensaje, puede ser simplemente que te azotes públicamente y sin ninguna explicación, solo con la cara cubierta de ceniza para indicar que estás bajo la orden de un penate.

En los Idus de la Noche Oscura siguientes consultarás las teselas de la tábula principal de la pared del templo donde aparecerá un código cuya clave te esperará en tu hogar, no preguntes cómo. Ahí aparecerá la confirmación o no de la muerte deseada.

Cuando deseas la muerte de esa persona, se establece que morirá antes de los siguientes Idus del Fuego a menos que esta misma víctima lo evite, cosa que la libraría para siempre de las atenciones de los pontífices de Adayus.

No se sabe gran cosa de cómo ejecutan sus cometidos los pontífices de Adayus puesto que sus técnicas son absolutamente secretas.

Los templos se nutren de los huérfanos que depositan en sus puertas, o al menos eso dicen, y que entrenan como monjes… y puede que como algo más. Pero no existe ninguna confirmación oficial. Otro rumor dice que se hacen cargo de los huérfanos de guerra que han perdido a sus protenitores en la Garra y no tienen más familia, y otro rumor más que se escogen de entre la peor ralea de las bajas urbes, de los peores barrios. No se sabe exactamente y sus caminos son secretos, tortuosos, oscuros.

Son respetados y rara vez hablan en público. De vez en cuando salen en procesión, con la cara cubierta de ceniza y profundas ojeras negras resaltadas, así como marcas en la barbilla. Siempre en no menos de nueve de ellos que avanzan tocando una campana, pero sus destinos son desconocidos y el por qué de esas procesiones también. No participan de los rituales públicos salvo de las Glorias, momento en que aparecen en la puerta del templo principal de la ciudad donde se celebre y entregan una ofrenda a la persona Glorificada.

Dice la tradición que ellos custodian la Cinta Negra del Imperator, un cargo que solo se otorga bajo extrema necesidad y que solo se puede ostentar cuando los pontífices de Adayus reciben la orden del Senator y del Tricamerón sin fallo alguno de forma. No pueden oponerse pero si entregan la Cinta Negra, que es una tira de tela con cuadrados de metal oscuro que se ciñe en la frente, con el Aquila bocabajo, muestran disconformidad y el Imperator debe guardarse mucho de no cometer errores de vanagloria, o de lo contrario, los pontífices de Adayus tomarán venganza por deshonor.

solo ocurrió una vez en la historia Aquilenia registrada hasta ahora y tras realizarlo todo el templo salvo tres miembros cometieron suicidio, una vez arrojaron al imperator por las escaleras del Senator. Pero esa es otra historia.

Por ahora solo sabed que siempre hay alguien vigilando, que te puedes cobrar una vida que tú mismo no puedas por algún motivo pero que eso sitúa una daga en tu propio cuello.

¿Estás dispuesto?

Las Máscaras Mortuorias para los Aquilenios.

Las máscaras mortuorias

Ya hablamos de ellas en la entrada dedicada a los Lares, dado que en parte, son una forma de honrarlos.

Las máscaras mortuorias son un elemento atávico y totémico de los aquilenios, una forma de recordar su pasado, su memoria, de que no se desvanezca en el frío del sidera pese a lo que ocurra con la civilización y cuántas peregrinatio más deban asumir.

De ahí que una de las grandes Urcas de Memoria de los Aquilenios, fuertemente defendida y siempre en paradero desconcido salvo por el Tricamerón conserve copia de las máscaras mortuorias (cuando no la original) más notorias e incluso se puede solicitar que se lleve allí la familiar a cambio de un estipendium mortiis que se dejará en la capilla de las ánimas del templo del culto Leteo junto a la copia de la máscara o la original.

Las máscaras suelen confeccionarse en materiales resistentes y duraderos como metal, piedras duras y bien pulidas o cristales de alta presión. Las más antiguas suelen estar hechas de metal, incluyendo la del primer Senator y los más prominentes del Scholarium que realizaron los primeros esbozos de la civilización Aquilenia.

Dicen que la Urca, la Gran Arca de Memoria, construida con una tecnología olvidada, es un gran cilindro donde están todas esas máscaras en nichos iluminados, una especie de lugar sagrado e inalcanzable salvo para los Sacerdotes del Silencio, los que cuidan aquel espacio con celo, secretismo y si llega el caso, gran violencia.

Las familias que encargan una máscara mortuoria lo hacen al gremio de la Máscara, que no solo se dedican a esto dado que hay gran tradición de usar otros tipos de máscaras entre los aquilenios como en las festividades de la Carnalea, la Renovatio Noctis también conocida como Las Rondas, y también en algunas más oscuras como la Memento Ritualem, que se celebra en algunos puntos de los dominios aquilenios y alguna colonias pues se trata de una celebración que ha caído en desuso en las urbes más modernas.

Las máscaras mortuorias que están en posesión de la familia normalmente tienen un espacio determinado en la casa, en la capilla de los lares. La capilla se divide en tres partes y puede ser desde una habitación a un pequeño nicho en la pared en función de la disponibilidad de espacio.

Las partes son: el altar de ofrenda, el nicho de la máscara y el ofertorio.

El altar es un pequeño saliente bajo el nicho donde se suele colocar el drappus familiae que tiene inscritos los nombres de la Tribu y de la familia y que solo se saca de ahí para rituales como bodas, funerales y para re-sacralizarlo si en algún momento toca el suelo.

El nicho puede ser del tamaño de una máscara mortuoria, puede haber más de un nicho a lo largo de una pared completa o ser solo un pequeño espacio donde se tienen réplicas a escala de las máscaras de la familia y la tribu; eso suele pasar cuando algún miembro de la familia se independiza a otro hogar y quiere conservar ese lazo, cosa muy bien vista entre los aquilenios por la devoción a los antepasados que supone. En otros lugares o espacios se tiene una placa holográfica que reproduce imágenes escaneadas en tres dimensiones de las máscaras familiares. Algunos militares las tienen puesto que están desplazados pero también colonos y otros aquilenios. Esto les permite en cualquier momento reimprimir o encargar máscaras mortuorias de sus lares para su nuevo hogar.

El ofertorio, por su lado, es un cuenco situado frente al nicho y que es lo único que puede estar sobre el drappus familiae. El cuenco suele ser de piedra, no más ancho en su boca que una mano y en él reposa una mezcla de arena y cenizas. Las cenizas pueden ser de origen vegetal y en algunas familias más estrictas, cenizas de familiares. En estas cenizas se depositan ofrendas de inciensos especiales o gomorresinas aromáticas y también es el lugar donde se realizan juramentos solemnes con sangre propia, que debe caer sobre el ofertorio y pone así como testigos a los lares. Las máscaras mortuorias son testigos mudos pero con el peso de la persona que fueron sobre esos juramentos.

Es habitual en la moda aquilenia llevar pequeñas réplicas de las máscaras prendidas del cinturón o en un colgante, sobre todo de quien se tenga como lar cercano. En otras ocasiones, si se ha hecho un juramento solemne se suele llevar una miniatura de la máscara pendiendo de un hilo rojo en la muñeca del mismo brazo de que se haya extraído la sangre.

Las máscaras son moldes perfectos del rostro de la persona difunta pero muchas veces son adornadas y si bien no se cambia su estructura sí se añaden colores, filigranas, o a veces algunas líneas de expresión distintas. Esto se hace en aniversarios o con motivos muy particulares como querer honrar al lar para solicitar algún favor o protección.

No se suele tener más de una máscara mortuoria del mismo lar en el mismo nicho salvo que se trate de una copia para imbuirla de la esencia de ese lar, cosa que se hace con un ritual específico que debe realizar un sacerdote leteo y después dejar a oscuras la habitación durante tres noches.

Tratar de ponerse la máscara mortoria de un lar fuera de algún ritual específico es algo tan tabú que puede incluso decretarse la muerte del sujeto por orden del consejo de la Tribu, dado que es una gran ofensa.

La Tribu suele tener también una copia de resguardo de todas las máscaras mortuorias de sus miembros, sobre todo de los más destacados y anualmente se hace un sorteo para enviar copias  la Urca.

Cada máscara solemne, que es como se llaman las que tiene la Tribu en el nicho tribal, que es un lugar visitable por miembros de la misma, tiene un pequeño cristal de memoria que los rememoradores imprimen con la vida del sujeto, codificado en el dialecto tribal.

Relatos Veteranos I

Lysandro Lycaon, de los Trementinos.

Se llama Thelema 5. Está más allá de los planetas Saco de Carbón, a trece sistemas de distancia de Aquilenia y a doce de Olympus, la nueva patria de los aquilenios, nuestra nueva y orgullosa patria… Aunque estemos lejos.

Somos quinientos tres en número los veteranos desplazados hasta nuestra recompensa final, la recompensa de los veteranos, Thelema 5. Es un mundo bonito, hermoso a la luz de sus dos jóvenes estrellas que lo iluminan con el fulgor de una promesa y bajo la benévola presencia del gigante gaseoso que circunda. Tiene masas de agua y apenas ha necesitado geaformación. Pese a ser más pequeño que los del sistema Olympus, o los del sistema Aquilenio, alabados sean los lares, pero la masa interna del planeta hace que la gravedad sea de nivel uno estándar.

Los quinientos tres de la nao que se desplaza lentamente en el vacío hacia la órbita de desembarco de Th-5 está cargada de gestos cansados. En contra de lo que dice la propaganda de la Garra, los veteranos estamos cansados. Sí, queremos un mundo nuevo, de esos que nos hemos esforzado por proteger, por los que hemos luchado contra los enemigos de Aquilenia, pero estamos cansados y es que la guerra es una trituradora de espíritus. Junto mí hay algunos que han servido en mi misma Legio e incluso decuria; el bueno de Mamnio, Drusilia, la más dura de todos, nuestra excenturiona, con sus brazos llenos de cicatrices y su gesto duro, que mira por la portilla hacia ese mundo azul y verde que se despliega poco a poco ante nosotros. Acio, Teléreo, Filos, Duargir, los gemelos Lía y Laertes, Gretios y Iovantes… La vieja escuadra que, pese a todo, pese a la guerra eterna que persigue a las plumas del Aquila, pese a las campañas y las consecuencias que tiene para sus soldados, todos hemos sobrevivido. La escuadra gloriosa, nos llamaron. Ahora nuestros nombres están en el altar de los veteranos de nuestra base de la Legio II Ursus, las tropas de choque. El nuestro era el escuadrón de castigo Gladio Negro, invicto en más de… ¿Veis? Sigo hablando como un legionario, no como un granjero. ¿Podé serlo? Es nuestra recompensa. Es por lo que hemos luchado. Por lo que muchos han muerto: por Aquilenia y por nuestra jubilación. Porque si peleabas por tus derechos políticos, no habrías acabado en la Ursus.

Medio ciclo después nos conceden permiso para entrar en la estación de atraque. Estos planetas tienen, normalmente, pocas lanzaderas, salvo las de evacuación de emergencia (cosa implementada después de lo sucedido en Aquilenia) siendo la forma más común de llegar a la órbita los elevadores que se lanzan y anclan donde va haciendo falta o según la órbita de la estación de atraque.

Por fin, como las sirenas de los antiguos vehículos de desembarco de la Garra, se enciende una luz azul que nos indica que nos preparemos para salir. Casi todos nos llevamos la mano al pecho buscando el arma. Los viejos reflejos son difíciles de perder. Sé que la mayoría se ha traído armas: cuando vas al filo del espacio aquilenio, te conviene. Nunca sabes cuándo te vas a encontrar con un enemigo resentido, foenikiam que intenten arrasar un mundo por sus recursos o alguna otra amenaza aún desconocida. Pero no las llevamos con nosotros. Aún no. Esto es el equivalente a ser… civiles.

Nos disponemos, levantándonos y recogiendo nuestros petates y equipajes. Escucho algunas articulaciones metálicas crujir, gruñidos y toses. Miro atrás. Los veo extraños: no solo cansados, ansiosos por desembarcar y pisar tierra, algunos con los fantasmas de sus acciones aún pululando tras sus duras miradas. No, me doy cuenta de que hecho algo de menos: ninguno lleva un casco de combate ni la voluminosa armadura de la Ursus. De nuevo: somos civiles.

Las puertas se abren y muchos se contienen para no gritar. Siempre lo hacíamos al salir al barro, a otras naos que asaltáramos, en ferrocemento o la tierra sucia de sangre donde nos enviaran. Ursus unquis, Victoria et Aquilenia! El lema que muchos llevamos tatuado en algún punto del cuerpo acude a nuestras lenguas, pero nos contenemos. Ya no tenemos derecho a decirlo. Somos veteranos retirados.

Salimos a la estación de atraque donde dos oficiales de la Oficina de Veteranos y Recompensas nos dan nuestros nuevos destinos. No está mal, pienso al recoger la pequeña tabla de datos que me entregan, nada mal. Granja de producción de cereal, alto desempeño, cuatrocientos estadios, vivienda operativa y material dispuesto. Le acompaña un manual y un enorme texto que afirma cuánto me vuelve a necesitar Aquilenia esta vez empuñando los mandos de un recolector, en vez de un traje de demolición armado de cañones de icotrita. Sigo siendo indispensable, un activo. Claro que sí, majo, claro que sí.

Pero si eso significa poder descansar, hacer que las bombas, los proyectiles y haces de energía dejen de retumbar de mis recuerdos a mis huesos, será bienvenido. Sé que la tasa de suicidio de veteranos por postrauma es relativamente elevada, pero los Ursus tenemos una de las más bajas. Quién lo diría, siendo una tropa de choque. Eso es por la disciplina y porque nos gusta lo que hacemos, nos gusta trabajar con nuestras propias manos. Vale, puede que la frase dicha así, en frío, pueda tener un tinte homicida, pero como tropa siempre hemos sido una legión tan valorada como temida.

Salimos hasta los elevadores. En el vestíbulo, un lugar toroidal, un tubo circular, donde están los elevadores que nos bajarán a tierra, muchos nos despedimos haciendo promesas de vernos en las Equilibrium Noctis, cuando ya estemos asentados y tengamos tierra hasta en el culo. Reímos, nos abrazamos, algunos se besan, otros lloran. Llegan los primeros elevadores con un siseo y una voz sintética anuncia el destino. Parten mis compañeros, les deseo lo mejor. Me mantuvieron vivo, me dieron apoyo, su sangre y su sudor. Algunos incluso algo más en las noches de campaña. Somos hermanos de sangre, somos hermanos bajo la Garra.

Y ahí, en el límite del control Aquilenio, en lo profundo del Sidera, miro abajo por el cristal combado, viendo el mundo que me espera, abajo, muy abajo. Ese es mi nuevo hogar. Llega el elevador que anuncia mi destino, donde me depositarán para que llegue hasta mi nueva responsabilidad. Tengo suerte: mis vecinos serán los gemelos y la excenturiona Drusilia.

Entro en el elevador. Palmadas en las espaldas, un abrazo de Sigurnia, fuerte y seco, mi ala derecha en el pelotón que tiene lágrimas en su ojo orgánico. Entro con otros quince, incluyendo a quienes serán mis vecinos. Las puertas se cierran con un siseo y nos sentamos. Sentimos la presurización y vemos cómo bajamos por ese tubo largo que desde aquí parece curvarse hasta tocar suelo. En el horizonte un sol amarillo ilumina una parte del mundo, tras el gigante gaseoso que copa casi toda la visión superior, blanco y lechoso. Cuando toque tierra estará amaneciendo.

Se llama Thelema 5 y ahora es mi hogar.

Saturnum Veritas

Hace más de 5 mil años que los Aquilenios dejaron el sistema Matergeano, y mucho de su saber es aquel que trajeron en las primeras Peregrinatio y en las Arcas.

De ellas aprendieron y reconfiguraron todo lo que conocían desde que viajaban en las grandes naves fundadoras hasta dar con los sistemas que habitaron.

Actualmente, en el sistema Olympus (tanto como en los milenios que pasaron en el sistema Aquilenium), una de las celebraciones más antiguas que se recuerdan era el Saturnum Veritas.
Según se contaba, en las épocas de más frío se solían celebrar festividades que juntaban a las familias en torno al fuego y compartir historias, además de los víveres del invierno, también para darse calor mutuo, y aquello se transmitió y siguió celebrando. En los planetas fríos y en los cálidos, en los estacionales y en los no estacionales.

En familia

La Saturnum Veritas, una fiesta en torno a la que giraban (y giran) los conceptos de perdonar y renovar los lazos. En la que los aquilenios se reunían y leían los poemas que componían relatando cómo había transcurrido su año (casi todos lo hacían). Una vez leído, lo arrojaban al fuego pues se escribía en un material combustible especialmente preparado preparado para ello, el llamado el saturnum crosta. Con el tiempo a este elemento se le agregaron sustancias para hacer que cuando se quemara saltaran chispas, colores y algunos pequeños fuegos artificiales que celebraran el hecho de dejar paso a un nuevo año y nuevos propósitos.

En la Satrunum Veritas, como todo buen evento Aquilenio, se comía, mucho, y siempre las mejores recetas que se pudieran elaborar, siendo muy comunes las carnes y las verduras asadas al fuego además de algunos dulces y la miel.

Tradicionalmente en el día y la noche de Saturnum Veritas no puede mentirse y se tiene que responder siempre la verdad, si quieres que tu siguiente año sea próspero y libre de enemigos, y los Aquilenios se esfuerzan en intentar no mentir. Y si tienen que reservarse alguna información por causa de fuerza mayor acuden al silentium, una tradición que permite salvaguardar secretos, poniéndose una mascarilla negra cuando les es preguntado. Se supone que responden a las preguntas, pero por debajo de la mascarilla y con voz casi inaudible, no faltando así a la tradición, pero siendo reservados. Hacerlo en familia se considera de mala educación pero puede hacerse por fuerza mayor y de estado; hacer una pregunta de este tipo, delicado, a sabiendas, se considera extremadamente grosero y se censurará a la persona que lo haga.

En sociedad

En Saturnum Veritas las familias vecinas suelen visitarse a lo largo de la calle, y también por tribus. Es habitual que los Consejos de Tribu se hagan obsequios unos a otros y renueven lazos, además de que se coloquen las grímpolas. Estos pequeños estandartes marcan cuántos matrimonios están dispuestos a acoger el año siguiente, cosa que se determinará siempre al final del invierno, pudiendo retirarse alguna grímpola hasta ese momento; es al final de este periodo cuando se le da la vuelta a la grímpola y se revelan los nombres de quienes están en busca de una alianza matrimonial.

Entre Tribus las ofrendas se hacen en la Sede del Consejo de cada una, siempre por los cabeza de Tribu, y son donaciones internas voluntarias.

Si alguien ha solicitado una Vindicta contra otra Tribu o miembro de otra Tribu es ahora cuando puede “aplacarla” y su honor no se verá afectado, dejando el nombre de los agraviados envuelto en un puñal ritual de Saturnum, en los maderos de la Basílica de los Lares Aquilenios.

En la Garra

Los soldados en activo que están desplegados y no pueden acudir a sus hogares suelen reunirse por Tribus o por escuadras, realizando algunas tradiciones como cantar, los saturnum crosta, y también algunas competiciones de combate desarmado (surgió como una forma de entrar en calor) quitándose una cinta roja de un brazo, la frente y una pierna, (una forma de combate ritual), y la Garra suele disponer un pequeño banquete para los soladados junto a sus superiores presentes sin distinción de rango.
Por supuesto cada legión añade sus propias tradiciones ganadas a través de los años.

Ciudades y decoración

Es habitual decorar las ciudades y las casas con motivos dorados y rojos, asociados al fuego de Aeshma Mitrah además de la sangre de los antepasados. Las máscaras mortuorias de las familias suelen ser decoradas también con algunos de estos colores y se les realizan devociones y ofrendas con lámparas de aceite y frutos, además de un poco de sangre fresca de la familia.

Si hay un nuevo miembro de la familia se usa sangre de un pequeño pinchazo que se dispondrá en un plato de cerámica bajo las máscaras familiares y otro que se llevará al Hogar de los Lares de la Tribu durante la noche de Saturnum Veritas como parte de su entrada en la Tribu y reconocimiento por parte de los progenitores y/o adoptantes (puede hacerse con cualquier edad y adopción, incluso con adultos).

Además el Senator dicta varios días festivos y se celebran grandes festejos públicos al aire libre con enormes hogueras. También existen la tradición de llevarse un madero ardiente hasta el hogar y echarlo al fuego que se haya encendido para fortalecer los lazos de la comunidad compartiendo el mismo fuego.

Se considera un mal augurio para una familia si el madero que llevan al hogar se apaga antes de que arribe por lo que suele tenerse siempre mucho cuidado, y solo se consideran a salvo una vez que la llama ha traspuesto el umbral de la casa.

La secta del sol verde

Un relato del surgimiento de Olympus.

13 Años antes de la Peregrinatio.

Mi nombre es Tracia. Tracia Alana, de la tribu Tormentor. Soy una aquilenia venida a menos, una de los que, tras cometer errores y algunas imperdonables faltas como rechazar una orden directa de un superior (que implicaba la muerte de ciudadanos aquilenios durante la Purga de Aquila Secunda) se vieron obligados a tomar el dilema del messerian. Así es como se conoce al hecho de ser degradada y conservar el honor o ser licenciada con deshonor. Opté por el licenciamiento, puesto que la orden de Guerra aún no se había dado, y pese al deshonor y la rebaja pertinente, tras mis quince años de servicio aún conseguí una buena paga.

La paga la aposté entera en las Glorias, con la fortuna suficiente como para que me saliera bien y consiguiera triplicarla, lo que era una cantidad considerable para establecerme casi como nova patricia. Mi Tribu está poblada por grandes miembros como Héctor Ferox, o Serena Daliana, y hay muchos patricios y tres o cuatro ultrapatricios. Pero me conformé con el golpe de suerte y decidí, dada la hostilidad del momento y lo que estaba ocurriendo, sabiendo que podían reengancharme, enrolarme en las flotas expedicionarias hacia Olympus.

Aquí estoy, en Olympus Primaris, donde, sentada al lado de lo que debió ser la cabeza gigante de una estatua, escribo esto en mi tabula y dejo constancia de lo que hemos encontrado.

Llevamos cinco ciclos completos en la Colonia Aquila Aurea 56, que posee los motores de oxigenación que aclimatan la mayor parte del planeta. Olympus es compatible con la vida pero sigue siendo un poco ácida, demasiado sufurosa, y por ello mediante el uso de piramidiones oxigenantes equilibramos ese “ácido” de la atmósfera para hacerlo más fácilmente respirable. Los que llevamos más tiempo aquí podemos asimilar la atmósfera sin tanto problema pero llevamos respiradores igualmente por si tenemos alguna crisis que los nano-sanadores no puedan paliar.

Pertenezco al batallón 3 de reconocimiento que se encarga de realizar batidas en profundidad y cartografiar el terreno para el asentamiento de la Urbe Condita III, que ya se está construyendo, la mitad sobre tierra y la otra mitad sobre el océano, preparada para recibir a los que lleguen en la Peregrinatio I, II y V, entre ellos llegarán Ultrapatricios y también miembros del Senator.
Así que me he dedicado a reconocer bastantes estadios cuadrados de distancia, desde la costa donde se va a asentar UCIII hasta la cadena de volcanes, altos, oscuros, humeantes, y que ya están siendo purgados y apagados por los Geósofos que han estudiado todo el sistema de tectónica de placas. Me recuerda un poco a Aquila Secundus, cuando… bueno, cuando ocurrió Aquello.
El volcán más grande de todos parece que no se pude apagar normalmente y han creado largas brechas por las que derrama su magma y oscurece el cielo con sus altas nubes. Pero está casi neutralizado y prevén que en ocho ciclos podrán sellarlo y hacer aperturas programadas para aliviar la presión. Es fascinante cómo han conseguido, esos genios locos de las piedras y la lava, controlar una fuerza tan primordial. Además ahora están especialmente empeñados después de que todos sus esfuerzos para con Aquila Magna y Aquila Secunda, hasta Prima, fueran en vano, como si todo lo que supieran no sirviera para nada.

Desde esta vasta llanura fértil de hierba verde y extensiones inconmensurables y bellas veo las columnas anaranjadas elevarse y las nubes oscurecer el cielo, que contrastan con fuerza. Toda la llanura está plagada de restos. Superviso como veterana la actividad de arqueo-reconocimiento y protejo a los investigadores cuando no estoy haciendo mi trabajo de reconocimiento.

Así fue cómo descubrí los restos de la Secta del Sol Verde y sus guardianes aún funcionales y también es la historia de cómo unos cuantos locos establecieron que Olympus era seguro para Aquilenium… Pese a nuestra opinión.

Tracia Alana Tormentor, Ex-Garra. Messerian.
Cuerpo de Reconocimiento y Geaformación de Aquilenium.

Los data-foenikiam

Los data-foenikiam (término de origen olvidado y que permanece congelado para singular y plural) designa a una categoría de salteadores de los espacios virtuales (siendo los Foenikiam los que lo hacen en el mundo real).
Por supuesto, con el trabajo surge la especialización, y los DF se estratifican en función de a qué se dedican y en qué áreas.

Psiconautas:
Son aquellos que se sumergen con toda la psi en lugar de dejar un ancla en el mundo físico, confiando en las múltiples balizas que pueden dejar en el infoespacio y en las distintas redes para encontrar su camino de vuelta a su puerto nativo.
Son incursores altamente expertos y que suelen vender sus servicios de recabación de datos, sabotaje, inyección de datos y asedio de datafortalezas.

Eradores:
Especialistas en borrar y reconfigurar las redes. Casi no interactúan con el mundo exterior, fuera de las inforedes. Hay rumores de un “mundo cripta Eradom” donde pueden fundirse y transmigrar sus psiques a un mundo baliza y, desde ahí, poder emerger en nuevas redes de otras civilizaciones, algunas aún desconocidas para los aquilenios.
Dicen los rumores que están relacionados con las Guerras Crípticas.

Profundos:
Tienen pequeños reinos en el infoespacio y están totalmente inmersos, sin anclas reales. Pueden crear redes Cárceri y tumores de datos para entrar en las grandes redes e inyectar código malicioso y corrupto. Son capaces de crear guerras digitales y muy peligrosos puesto que tienen sus propias y ambiciosas agendas. En ocasiones pueden ser colaboradores de agentes externos (sacos de carne, los llaman), solo para extender su influencia en nuevas redes. Los Profundos son extremadamente inestables y sus reinos-infierno son lugares de pesadilla casi imposibles de atacar dado que están creados en un código propio y solo un asedio numeroso podría hacerles algo. La recompensa son los increíbles datos que guardan en sus bóvedas.

Buscadores de Orishiam:
Estos data-foenikiam buscan a las legendarias Aberraciones Inteligentes para saber qué fue de ellas, por qué abandonaron la lucha o todo signo de comunicación. Son capaces de comunicarse con las máquinas pensantes que han encontrado y se complacen en ello buscando una pureza de pensamiento que va más allá del código.
Son idealistas pero algunos ya han encontrado algunas respuestas… y no les ha gustado.

Mutilados:
Son aquellos a los que han desconectado bruscamente de sus cuerpos físicos y también de los cerebros, sin tener ningún respaldo orgánico y se han quedado en el infoespacio, abandonados. Algunos enloquecen, otros buscan cómo recuperar un cuerpo, y otros acaban convertidos en Profundos o en entidades inefables que crean sus propios mundos.

Criptofabricantes:
Especialistas en crear autónomos, instrucciones de disparador, programaciones especiales altamente avanzadas y objetos que usar en el infoespacio. Son proveedores de herramientas de todo tipo de material necesario que los datafoenikiam no son capaces de crear por su propia cuenta.

Encriptadores:
Especialistas en seguridad a todos los niveles: Asaltantes o Bastiones (atacantes o defensores) que pueden ayudar en distintas acciones privadas o públicas como mercenarios. También hay clases inferiores: usurpadores, correctores y agentes libres.

El Obscurus

El Obscurus nació como una necesidad vinculada al Honor y la Responsabilidad de la Garra.

La Aquilenia es una sociedad que parte del Honor, de las virtudes de los guerreros, de la honestidad del combate. Pero no son tontos. Entienden que no todos sus enemigos (y se entiende como enemigo cualquiera que no sea Aquilenio y desee el bien de los aquilenios) siguen esas sendas de Honor. Y por ello surgió el Obscurus.

Un órgano secreto cuya organización intrena es un enigma. Solo lo conocen los miembros de esta rama que dejó en su momento el honor a un lado para poder actuar como debía por el bien de la civilización Aquilenia.

El Obscurus tiene legitimidad y competencias en todas las ramas y responde directamente ante el Triunviro o la Comisio In Rebus declarada por el Senator, que también tiene tres representantes que juran por sus vidas no revelar nada de lo que traten en su tiempo de supervisión.
Pero solo supervisan. El Obscurus tiene su propio órgano rector que, además, desarrolló una rama interna de investigación de corrupción de sus propios miembros, los Triarii-Obscurus, también conocidos como Statori.

El objeto del Obscurus

El Obscurus es una mezcla entre agencia de espionaje, policía militar y policía secreta senatorial sin llegar a ser política (es decir, solo se ocupan de los casos que afectan a la Civilización Aquilenia, la Garra, a nivel corrupción de mandos y a infiltrarse en otras civilizaciones para obtener datos de inteligencia, apoyada por otras organizaciones como la Oficina Gerioniana en su vertiente de inteligencia, los llamados Xenofrumenter).

Por otro lado también tienen una agenda secreta que comparten solo con los tres observadores del Senator y cuyas vidas quedan afectadas por ello. Los observadores pueden llamar a consultas a los Triarii-Obscurus si observan que los planes están yendo demasiado lejos o son de una moralidad cuestionable en cuanto al objeto de lo que se está investigando o interviniendo.

En muchas ocasiones el Obscurus facilitan las acciones de los opositores de la civilización Aquilenia solo para encontar una situación más ventajosa y, entonces, dar un golpe de gracia que puede aniquilar de una sola ve a toda la organización o actores contrarios a Aquilenia.

Su lealtad está fuera de toda duda, y sus actos quedan siempre sellados en las Actas Obscura, que son destruidas periódicamente (o eso dicen).

Sus operativos son muchos, desde simples informantes (que jamás sabrán que están informando a agentes del Obscurus) a falsos agentes, agentes dobles, durmientes, terroristas aquilenios en territorio enemigo, saboteadores, foenikiam con patente de corso y mercaderes. Siempre personas capaces de recabar gran cantidad de información antes que operativos de acción. Para ello el Obscurus tiene a sus gens in rebus, agentes generales, y luego los operativos especiales, los “lictores obscurae rebus” conocidos en el propio Obscurus como Lictores Oscuros, que son los agentes dedicados a los asesinatos, sabotajes, envenenamientos, intromisión e irrupción en las redes y que están extremadamente bien preparados.

Las Centurias Trágicas I

Historias de las siete centurias trágicas

Las centurias trágicas son periodos de tiempo de más o menos cien años matergeanos que, en muchos casos son simplificados como las Tragoedias, en las que grandes amenazas se cernieron sobre los Aquilenios en un Sidera abiertamente hostil.

La más breve de ellas fue la segunda, que duró 89 años MG y la más larga la séptima, que duró 125 años MG.

Solo se ha conocido una bicenturia, que ha permanecido oculta en los registros, y se produjo, según estimaciones, en el año 3.300 al 3.500 AC (Aquilenia Condita, desde la fundación Aquilenia).

Las Centurias Trágicas fueron periodos inestables de guerras recurrentes y continuas con menos de un año MaterGeano de interludio entre enfrentamientos, donde los protoaquilenios se enfrentaron a diversos enemigos, matergeanos o gerionianos en diversos sistemas.
Las guerras y combates de las Centurias Trágicas fueron intensas y dieron pie a la creación formal de la Garra, aunque se ha ocultado mucha información; se sabe que se valieron de todo recurso y capacidad que pudieron para preservar el germen de esa civilización incipiente. Pusieron en marcha diversas formas de combate, entre ellas la creación de grandes ejércitos hoy prohibidos: las Inteligencias Mecánicas, los primeros senevitae de inteligencia progresiva y adaptable con centros de apagado controlados.

Los enfrentamientos en las CT fueron en diversos sistemas, desde las cuatro primeras en el primer sistema que colonizaron durante más de mil años, en los que no toda la sociedad Aquilenia estuvo participando, permaneciendo en las grandes naos de estasis que los preservó.
Fueron los Héroes Antiguos los que defendieron ese sistema, los que trataron de hacerlos habitables por sus múltiples riquezas y que explotaron el sistema, al comprender que no sería totalmente habitable, hasta dejarlo en ruinas, pero alimentando así la gigantesca maquinaria peregrina.

Las Centurias Trágicas se prolongaron en muchos sistemas que habitaron los protoaquilenios después de abandonar Cthonia definitivamente, en el 3.102 después de MaterGea, donde visitaron:

  • Nicte, que resultó habitable solo 16 años hasta que los huracanes de ácido emergieron de su letargo.
  • Borealis, donde se produjo la única bicenturia trágica que quedó oscurecida en los anales y no se puede encontrar más información de ella, salvo que vayas a Borealis y busques entre los cascotes incinerados y el metal.
  • Tereucos.
  • Clatha, donde se produjeron la V y VI Centurias.
  • Ener y Ether, donde se realizaron varios de los avances de la sociedad futura Aquilenia y se prohibieron los senevitae autónomos.
  • Calímedes, lugar de la Centuria Trágica VII y donde, tras doscientos años, se estableció la base avanzada que daría pie a la llegada al sector Aquilenio.

En estas Centurias Trágicas los enfrentamientos, la guerra, el hambre y la destrucción presidieron el periplo Aquilenio (proto aquilenio, por entonces) y forjaron su ardiente aversión hacia todo lo no matergeano, hacia los gerionianios, todo ser vivo de base no-matergeana, tanto mecánico como orgánico. Se promulgó el Tenebris Acta Excomunicate Gerioniensis por el que salvo los Lictores Geriones, nadie más podía contactar con esas especies y razas.

No fue una razón xenófoba sin argumentos, sino que tuvo que ver con un exceso de confianza que fue reconvertida por fuerza de la experiencia (y de las peores experiencias) en una fuerte desconfianza, en una ira sorda por las muchas vidas perdidas, toda una nao Peregrinatio, que dio a lugar a esa rabia hacia lo externo.

Fueron esas Centurias Trágicas las que dieron comienzo a la aparición del Aeshma Mitraísmo en las primeras colonias guerreras asentadas, donde la prospección y combates en los fríos mundos ajenos dieron paso a la aparición de figuras míticas que se decía que ayudaron a los protoaquilenios en sus momentos de mayor necesidad y dificultad, en el yunque de la guerra en medio del Sidera.

La primera Centuria Trágica. 101 aMG. -3000AC.

La primera Centuria Trágica ocurrió durante la primera Oleada Gerioniana, cuando una raza hostil atacó, tras los primeros veinte años de asentamiento en Dauro, el primer planeta del sistema Cthonico.
Este sistema colonizado por los protoaquilenios prometía ser fuente de riquezas y capacidad de asentamiento, un lugar ideal donde desembarcar a todos los peregrinos del viejo sistema tras más de mil años de travesía, donde las propias naos desarrollaron sus subcivilizaciones y clanes bajo el emblema del Aquila. Si bien habían hecho el juramento aquellas cinco primeras tribus más las que se les fueron sumando, se les llama protoaquilenios, pues no fueron Aquilenios propiamente hasta que se consiguieron instalar concretamente en el sistema al que dieron ese nombre. Así, el sistema Cthónico fue una estación de paso durante quinientos años (se había conseguido alargar la vida de los vitae hasta los doscientos cincuenta años mediante terapias génicas que quedaron inscritas en sus Herencias Genómicas, si bien la duración de la vida media ha fluctuado a lo largo de los años).
Durante la primera Centuria Trágica, que acompañó a la pérdida de una de las Arcas (cuyo contenido pudo recuperarse parcialmente en el Sistema de Asteroides del Metal, en los confines del sistema) tuvo como protagonistas a una raza gerioniana cuyo nombre no se ha conservado en los archivos (excomunicate) pero sí sus características (hay que ser de alto nivel para acceder a ellas).

La raza gerioniana consideraba este sistema su protectorado, un entorno ideal para asentar sus nidadadas cada lapso de trescientos años, y si bien tenían capacidad para comunicarse mentalmente mediante porciones de imágenes significantes (el Directorio Comunicationis se ocupó de ello) no estaban dispuestos a ceder ningún espacio, estando en su derecho, como los protoaquilenios lo estaban de buscar un nuevo hogar.

Habiendo varias cosechas fundamentales en marcha y reabastecimiento para las Nao Peregrinatio que permanecían en lo más exterior del sistema, fuera de la vista, los protoaquilenios se defendieron con fiereza, evitando la masacre al utilizar la maquinaria agrícola con ciertas modificaciones para suponer un verdadero enemigo físico.

Colonia Dauro
Colonia Dauro. Recreación artística, 4602 AC.

Se aplicaron los protocolos defensivos y la hermandad de los peregrinos crearon el germen de la Garra, defendiendo el planeta con extrema efectividad frente a un enemigo que no entendía de estrategias ni de táctica sino que acudían con gran cantidad de fuerzas a un enfrentamiento que esperaban resolver por amplia mayoría numérica.
Los protoaquilenios se enfrentaron a ellos en todas las oleadas, recibiendo refuerzos continuos desde el Sidera por parte de las Naos y de contando con los primeros Senevitae de combate que fueron vitales para vencer.

Los combates se sucedieron en rangos de cinco y diez años en diversas oleadas, pues los gerionianos no variaban sus frecuencias. No fue hasta que la Legio Obscura, una unidad de élite que fue formada durante treinta años en una nao construida a tal efecto, se adentró en un sector oscuro, siguiendo a los gerionianos en retirada, con varias poderosas naves-bastión y aniquilaron a toda aquella raza a finales de la Centuria Trágica, anotando todo lo que observaron en aquel crisol de guerra, puesto que el sistema al que acudieron era una colonia de aquellos gerionianos. Bombardeando su estrella solaris pudieron aniquilar a toda aquella raza después de combatirlas en su propio terreno con los oscuros y olvidados medios que tenían en aquel momento y que se consideraron como necesarios para la supervivencia.

II a IV Centurias Trágicas

La II Centuria Trágica, ocurrida 30 años después de la primera, y se la llamó “la Centuria de las Guerras Gorgoneas”. Fueron una serie de enfrentamientos acaecidos contra una civilización matergeana pero que se había mezclado con bases gerionianas. Se hacían llamar Gorgóneos y los comandaba una terrible comandante, una Renya Sidera de nombre Malaertes, que pasó a los anales de la historia protoaquilenia como la Madre de la Guerra.

recreación histórica de Andrómaca Licura
recreación histórica de Andrómaca Licura

Eran seres híbridos, de muchas formas distintas, y con un fuerte instinto depredador que les convertía en funestos cazadores y foenikiae, asaltando otras naos y civilizaciones en todo el segmento del brazo galáctico sin piedad.

Con los protoaquilenios se comportaron implacablemente, pero conservando una suerte de retorcido honor que ellos emplearon para su beneficio en la guerra. Fue la primera vez que se designó el cargo público de Impeartor Belli, y lo ostendó Andrómaca Licura, de la extinta casa Licura, Tribu Attaricos. Hay estatuas suyas en cualquier asentamiento de los Aquilenios y se la designa como faz protectora de Aeshma Mithra, invocándola cuando hay que defenderse de enemigos externos.

Esta Centuria Trágica, la segunda, duró 89 años hasta que, sin explicación, los gorgóneos se retiraron de nuevo al Ultra Sidera, después de haber atacado tres de los cinco planetas sin descanso durante casi nueve décadas con todo tipo de estrategias, en busca de tecnología que devorar para sus propios usos.

La Tercera Centuria trágica ocurrió una decena de años después, pero no englobó esta vez al sistema Cthonico sino que fueron una serie de largas y agotadoras campañas a lo largo de 105 años en las inmediaciones del sistema y que atacaron a los astilleros sidera donde se construían nuevas naos, dispuestas en órbita al sistema. Esta Centuria fue de las más extrañas puesto que el enemigo eran naves que pretendía destruir a las protoaquilenias sin ningún tipo de comunicación ni poderse estudiar. Eran oscuras y se confundían fácilmente con la oscuridad del propio Sidera. Se supuso que eran Gerionianas, y la Centuria acabó cuando una fuerza naval aquilenia pudo rastrear a un comando hasta dar con lo que parecía ser una base itinerante y destruirla desde dentro. Los archivos de esta Centuria Trágica están clasificados, pero después de ella hubo un fuerte salto tecnológico dentro de la civilización protoaquilenia, pudiendo desarrollar una tecnología que permitiera viajar por el Sidera a través de lo que se llamaron los Corredores, que permitía alcanzar largas distancias en diversos saltos, ampliando así la capacidad de viaje.

De la IV Centuria Trágica solo se reucerda su duración, 110 años, y que ocurrió casi en los últimos sesenta años de permanencia en el sistema Cthónico, mientras ya se buscaba otro lugar y varios saltos seguros a los que desplazarse.

Por entonces ya se había explotado los cinco planetas al máximo:

  • Dauro
  • Tilenion
  • Selman
  • Dómenes
  • Carnio, el sistema binario

Así como el cinturón de asteroides metálicos, de los que se extrajo todo lo utilizable. Fue en el último gran asteroide, un planeotide, prácticamente, donde apareció el último enemigo: los Crenan, una civilización de base de silicio que había permanecido en letargo en ese planetoide y que tenía la capacidad de proliferar gracias a su composición, que formaba nuevos individuos consumiendo material inerte y formando rápidamente una gran colonia que atacó de inmediato a los protoaquilenios.
Poco se sabe de ellos salvo el nombre de algunas batallas y la aparición del Igneo Draco, una criatura monstruosa y gigantesca que solo pudo ser aniquilada al precipitarla contra el orbe solaris.

Relatos Novosectores: fantasma en la plataforma

Lysandro Lycaon es un supervisor de las instalaciones Térmica 2 y Térmica 3, donde se procesan los cristales de gas gema que después se estabilizan para poder mandar en contenedores al resto del Sector.
Es un hombre grande y corpulento, con enormes brazos y aún mayor determinación. Si lo viérais venir por una calle llena de los vapores tóxicos de los arrabales secundinos seguro que os cambiaríais no ya de acera sino también de ciudad. Su brazo derecho chasquea de vez en cuando. Su sintepiel está guardada en el crionizador, en su taquilla, no se la pone para trabajar. Hace unos días detuvo el golpe de una cuba de gas helado y la sostuvo mientras los trabajadores corrían a los puestos de protección, pequeñas barreras de ferromortero que minimiza los daños en caso de explosión. Desde que sostuvo la cuba y algo de gas gema le cayó en el brazo alguno de los pistones no funcionan bien y se atascan un poco. Piensa en ir a un reparador autorizado de la Garra cuando acabe su turno de 150 horas estándar.

Lysandros Lycaon vive en Sigelios, una bonita ciudad porta sidera de Aquila Secunda, con su hija Lymaca y su segunda consorte Lydmilla. Ella es una gran compañera, si bien reconoce que el amor de su vida fue Lydelia, madre de Lymaca y hermana de Lydmilla. Su tribu, los Femones, tienen extrañas costumbres para los Aquilenios, siendo una de las últimas tribus que firmaron el Concordato del Aquila y que tenían una pequeña civilizacion en el sector anterior a la llegada a Aquilenium.

Esa noche (bueno, noche en términos planetarios, en el cilindro 8 no hay día ni noche, solo turnos de trabajo) está supervisando la carga de los últimos contenedores de la plataforma Tertia, donde los enormes cargueros que son prácticamente ciudades volantes, lo llevarán hasta los astilleros de la órbita lejana para su redistribución. Todo discurre con tranquilidad. Abre el voxcom para ladrar unas cuántas órdenes a los operarios de la barquilla 4 que están flojeando y descuidando su coordinación, haciendo que los anclajes gravitacionales se aflojen un poco y el contenedor colee. Lo corrigen de inmediato.

“Habrá sido el idiota de Gaecio” piensa Lysandro. Siempre es Gaecio. Desde que murió su marido no deja de llorar y le dan fuertes bajones emocionales. Trabajar en las barquillas no es para débiles. Ya había recomendado su baja y traslado a un espacio más tranquilo de trabajo del que no dependiera la integridad de la carga, pero los de Arriba no quisieron escuchar, siempre atentos a los porcentajes y las primas por trabajador y Gaecio, el muy terco se limitó a negar con la cabeza cuando el supervisor de la plataforma y jefe directo de Lysandro le preguntó por el cambio de puesto. Casi le descorcha la cabeza allí mismo. Entendía lo del dinero, y que tenía que pagar la schola de las gemelas. Máxime cuando la Garra aún no había determinado si darle la pensión de viudedad al no aparecer el cadáver de su marido.

Chasquea la lengua y se pasa la enorme mano orgánica por la calva, surcada por una fea cicatriz que va desde la mejilla derecha hasta la coronilla, irregular, un recuerdo de los proto-ciclonter de haces densos de los Táureos del Anillo Symarítico. Su pasado de legionario de la Legio VIII Loricata, la división pesada de la Garra configura quién es en el Ahora. La sombra del Áquila toca a todos los Aquilenios, se suele decir. Pero gracias a ella y a su retiro como veterano invicto (no perdió ninguna batalla y eso la Garra lo tiene en cuenta, aunque los méritos mayores se los lleven los generales; así se cohesiona las legiones para que no cejen en las peores situaciones y sus primas de retiro se vean incrementadas), pudo optar a un buen puesto de trabajo. Tiene una hora libre por cada hora trabajada en grupos estándar de diez horas. Así que trabaja turnos de 150 horas (las horas de sueño, necesidades biológicas y descanso obligatorio no computan) y recibe a cambio 150 horas libres al final del turno. Alguien como Gaecio solo tiene media hora por hora, y así bajando el escalafón donde los servus, aquellos condenados a trabajos forzosos tienen condenas por horas para ganar su libertad, además de tener que cumplir mínimos draconianos para no ser ejecutados. Cosa que no siempre se logra en las minas.

El carguero contacta con Lysandro y cierran la operación de embarque mientras Núcleo Central lo autoriza a salir. Conoce al piloto de ese carguero, un buen hombre y veterano de la Legio XII Oriónica, descendiente de un largo linaje de Navegantes, tanto para la Garra como por Patente propia y al servicio de la propia Garra o de las ciudades libres. Contacta por visioncom y sellan las cargas con los métodos habituales: tienen una copia cada uno de ellos del completo de la carga en un cristal de datos que ambos introducen en un lacrado de plexidatos que también reflejan el manifiesto. Esta película de datos condensados es legible por cualquier aparato estándar con la codificación adecuada (en este caso la Nova-Com-6 con cifrado estándar Aq-3) y un permiso de nivel medio. Si hubiera problemas o dudas sobre la carga siempre se puede romper el sobre de plexidatos y acceder a los cristales de datos que son inviolables una vez escritos y ahí se contrasta. La pena por alteración del manifiesto es muy grave y el Gremiale de Navegantes así como el Consorcio del Gas y los sindicatos Novosectores se lo toman como una pena capital.

Sobres cerrados y plexidatos contrastados Lysandro se despide de Filaes, que se coloca el casco de navegante para empezar la maniobra de salida.
El próximo carguero llegará en quince horas estándar y el muelle y la plataforma tienen que estar listos. Las barquillas repasadas y la carga (Lysandro mira la hoja de pedido) debe de estar lista para su embarque, con los arrastradores listos y en posición. Le queda poco tiempo, así que decide bajar hasta la plataforma.

Su torre de control tiene un acceso directo, así que se pone el traje de aislamiento (los muelles no tienen gravedad ni atmósfera, sería un desperdicio), y comprueba las botas magnéticas, los ganchos de seguridad y los lanzaganchos de gas comprimido. Además sus botas y su espaldar disponen de propulsores por si se viera arrojado al vacío, y el oxígeno está en niveles óptimos. Toda la plataforma está surcada de espacios de recarga de oxígeno y estaciones atmosféricas con baja gravedad para descanso, así que es fácil ir de un lugar a otro y hablar con los trabajadores. Tiene que encontrar a Gaecio, ahora que ha abandonado la barquilla para supervisarlo.

Su deslizador, pequeño y con la pintura amarilla apenas visible por los cristales de hielo que se le forman cruje cuando abre la poterna de acceso. Se desliza dentro, y activa el propulsor de gas. La extensión de la plataforma es de varias leguas militares, llamadas “clics” y Lysandro introduce la ruta hasta la estación de las barquillas, casi al borde de la plataforma. Desconecta el sello inercial y es propulsado por el tubo a gran velocidad hasta su destino, al que llega unos segundos después.

Conduce el deslizador, ya fuera del tubo de conexión por la amplia zona, esquivando trabajadores, cargas y contenedores diversos, dos gruesos tanques de oxígeno y el generador principal que alimenta la Estación 2 donde entre carga y carga descansan los operarios y se reparten los turnos por parte de los capataces, como si fueran sargentos de la Garra y con la misma autoridad en su versión civil.

Se detiene un espacio inercial y lo sella para dejar el vehículo fijo, y que no se pierda en el espacio. Una gran chimenea suelta una gran cantidad de gas de combusión, cerca de la Estación 2, y el fulgor anaranjado muere en la boca del escape, sin llegar a asomar al vacío. El gas se pierde perezosamente en el espacio. Sobre él, Lysandro no puede ver las estrellas, hay demasiada luz en la explanada, pero sí el gran anillo de contención y cohesión que rodea el asteroide y lo fija para su explotación, una colosal obra monstruosa que circunda la gran roca y que en su momento detuvo su movimiento rotacional y de traslación y lo fijó al Cilindro Nycto, uno de los ocho grandes cilindros del Novo Sector.

estacion novosectora

La cantina está saturada de trabajadores, del fuerte olor de los vitae, el oxígeno reciclado y el feroke, después de la marcha del carguero. En un gran cronocontador en la pared establece el tiempo restante hasta la llegada del nuevo carguero, para que todos estén avisados de lo que les resta de descanso y preparación.

Lysandro mira en derredor. Las conversaciones no se detienen al ver al enorme secundino pero si descienden su volumen y muchos inclinan la cabeza en signo de respeto. Otros se llevan el puño cerrado al pecho, abriendo después la mano con los dedos juntos: el saludo de los veteranos.
El ex legionario se sienta en uno de los soportes que salen de la barra y sin preguntar, Telamon le sirve rakish secundino con kerah, una fruta seca que duplica la tasa de alcohol de la bebida si se deja el tiempo suficiente.
Gaecio lo ve, se levanta de la mesa donde se sentaba, huraño, tomando un feroke humeante y espeso y saluda al Jefe de Control. No deja el afligido Gaecio, de rostro pálido  y con la sombra del pesar en lo que antes era un duro y decidido gesto de tocar el amuleto de Letus, que es la miniatura de la máscara mortuoria de Dymión, su difunto marido.

—Micer Lycaon yo…

Lysando lo mira. Pide una copa para Gaecio.

—Operador Gaecio, siéntate. No espero que estés al cien por cien, pero te di la oportunidad de asumir otro turno en otra parte de la plataforma. Incluso un cambio de plataforma para estr más cerca del cilindro y de las niñas…

—Yo… yo creí que…

Sirenas. El denso aire reciclado de la cantina se rasga con su sonido chillón y penetrante. Algo oculto, un viejo recuerdo de sangre y dolor cruza el pecho y azota los nervios del implante de Lysandro cuando esas mismas sirenas le recuerdan los sonidos de la batalla y las terribles amenazas sónicas de los Táureos y sus máquinas de combate semi autónomas. Todos se aprestan a colocarse los cascos y a salir al exterior. El voxcom de Lysandro cruje. Estática. La subrutina de identificación no funciona y crepita. El ex legionario decide acudir a la terminal de su avambrazo. El grueso brazal que lleva en el antebrazo derecho se enciende y despliega una pantalla. Desde ahí identifica la alarma y ve una nave atracada en el muelle. Para estar detenida debe de haber forzado los sellos inerciales, pues sin su permiso no puede atracar nadie en la plataforma.
Es una estación sin defensas, pero Lysandro, que conoce la amenaza de los foenikiam sidera se ha procurado algunas sorpresas en el muelle para neutralizar a posibles invasores en busca de gas gema puro.

nave atracada

Lysandro abre un canal secundario que le conecta con Gronius, su segundo al mando en la torre que se ha quedado allí de guardia.

—¡Gronius! ¿Tienes su identificador? ¿Hay comunicación?

—Negativo. Han atracado y forzado los cierres. Pueden ser foenikiam.  ¿Órdenes?

—Suelta a los zánganos y prográmales una formación defensiva.

Los senevitae de la plataforma reaccionan de inmediato y forman un cordón alrededor de la única entrada que permite acceder al puerto de desembarque y carga. Son ingenios sin piernas, con orugas magnéticas y garfios, así como una gran capacidad de fuerza para arrastrar grandes pesos. Su blindaje es excepcional y pueden aguantar explosiones frontales con metralla de roca. No tienen nada que pueda llamarse “cabeza”, sino que son un torso compacto con entre cuatro y ocho brazos, y algunos de ellos poseen drones de reconocimiento que manejan en enjambres. De inmediato forman una fuerte línea en la salida del puerto de carga y establecen bandas de pulso de luz que pueden desintegrar roca como un haz de ciclónter de pulso, y que usan normalmente para bloquear galería con salida al Sidera o durante los derrumbes, desintegrando material.
Lysandro, que ya sabe lo que pueden llegar a hacer los foenikiam había encargado a un experto en comportamiento artificial que le sacara varios patrones de comportamiento de enjambre, defensa y formación para proteger por sus propios medios la plataforma.

—¡Gaecio! Si quieres volver a ver a tus hijas coge un deslizador y vete a la Torre Prima. Espera mi señal. Canal dos, clave aquila-ocho-dos para conectar. Si conecto, te diga lo que te diga, ignóralo y avisa a la Torre de que estamos bajo ataque en nuestra plataforma. Dales mi código y abre un canal público puenteando el mío para que vean las cámaras. Todos serán testigos de lo que pase.

Gaecio reacciona sin pensar. Coge el pase de seguridad que Lysandro le tiende, autorizándolo para lo que le ha ordenado y se lanza a la carrera hacia su deslizador.

Lysandro se coloca el casco y con su propio deslizador llega en apenas unos instantes hasta la entrada de la plataforma, justo a tiempo para ver cómo una plataforma se abre en la nave. Ahora la reconoce. Es un transporte de tropas, aunque intenten disimularlo. Una parte del fuselaje ha estallado y parece haber pérdidas de aire a juzgar por las nubes blancas que salen de algunas brechas. Una pasarela se abre, automáticamente. Pero no sale nadie. La nave parece estar muerta. Es una nave fantasma. Entonces, ¿quién ha forzado los cierres para atracarla en la plataforma?

Solo después de hacerse esas preguntas puede ver la matrícula y testimonio que aparece en un costado, quemado por lo que parecen disparos. Reconoce los números y el signum.

Pues Lysandro no es un simple ex legionario. Es un contacto necesario para los equipos de inteligencia de la Garra. Y sabe que esa es la nao de Tessera Kilontes, una agente de la inteligencia y reconocimiento de la Garra. Y algo terrible ha pasado.

 

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